Cinco pequeños relatos nos muestran aspectos importantes de la vida de las mujeres en la Cuba de los años ochenta-noventa: el machismo imperante, las obligaciones sociales que siguen impuestas a las mujeres, las enormes frustraciones que les genera el matrimonio, los deseos sexuales no cumplidos por convencionalismos sociales, la fugacidad y falta de compromiso de las relaciones con hombres… Y todo dentro de un contexto tan determinado y singular como es el cubano, con sus comités revolucionarios, sus cargos en el Partido, pero en la que vemos que el cambio social que busca la revolución cubana todavía tiene infinidad de carencias en esta material.
Una pieza audiovisual muy interesante y muy innovadora. Recomendable.
Versión moderna -o directamente remake– de Die andere Seite -”El otro lado” en castellano-, de Heinz Paul y estrenada en la República de Weimar en 1931. La película nos narra la vida de cinco oficiales del Ejército Británico en el frente occidental en la primavera de 1918, a punto de vivir una dura ofensiva del Ejército Alemán que les haría retroceder unos kilómetros momentáneamente. Con esto nos permite ver temáticas muy concretas y muy interesantes, que le hacen estar en este blog: el despotismo de la oficialidad, las diferencias con los soldados en los lujos que poseen los oficiales frente a la precariedad en la que viven éstos, las heridas profundas que genera la guerra en los combatientes -problemas de salud mental, alcoholismo…-, la escala de lujos en el frente según mayor graduación tiene cada combatiente, la frialdad a la hora de hablar de la guerra y los combates de la alta oficialidad…
Esta película tiene el acierto de profundizar más en estos temas no sólo con escenas que la película en la que está basada no tiene, si bien su parecido es enorme en muchísimas escenas, sino en los propios planos, en lo que se enfoca y lo que no. Por ejemplo, la obra de Paul no le presta tanta atención a la vida de los soldados rasos, sino que a veces parece que sólo existen los oficiales. Senderos de Honor ha corregido esta situación y nos muestra una verdadera sociedad de clases dentro de la línea de trincheras, con todos los vicios, corruptelas y privilegios que tenía la sociedad de clases de la retaguardia.
No obstante, Die andere Seite no es una mala película, y es fácil hacer esta misma lectura de los temas que aparecen. Pero aunque el avance tecnológico del film en los casi 90 años entre un film y otro han mejorado los mensajes al respecto de dichas temáticas en la película más moderna, que no fueran tan explícitas en la primera no es por una cuestión tecnológica, pues otras películas contemporáneas del mismo país y la misma época sí lo lograron, incluso mejor que Senderos de Honor. La cuestión principal está en el propio Heinz Paul, y ha sido la razón principal por la que finalmente no incluimos su película en este blog: además de ser un director especializado en cine bélico, con la subida al poder de Hitler fue uno de los directores que apoyaron el III Reich realizando películas manifiestamente en favor de dicho régimen: se adscribió a la organización de directores nazis alemanes, pasó a recibir financiación de la productora nazi Terra-Film AG y realizó películas abierta o soterradamente propagandísticas del nazismo, llegando incluso a contar con la esposa del jerarca nazi Hermann Göring en el reparto de una versión NS de Guillermo Tell. Incluso llegó a hacer una película sobre las tropas nazis destinadas a la Guerra Civil Española, en la que el drama amoroso entre un marinero alemán y una bella española se ve truncado por el rapto de ésta por parte de unos soviéticas. A la ambigüedad interpretativa que sus películas bélicas llevaban, pudiendo entenderse tanto como críticas con la guerra como exaltadoras de la misma, siguió un militarismo abiertamente pronazi, y películas de este tipo de gente no tienen cabida en este blog.
Sin embargo, Senderos de Honor ha corregido las mierdas de Die andere Seite y se nos muestra como una película de la Gran Guerra muy interesante, muy cruda, muy crítica y muy recomendable.
María tiene quince años y está embarazada. Amina, su madre, vivió lo mismo a su edad, lo que le valió tener que huir de su casa y buscarse la vida con una hija pequeña. La historia vuelve a repetirse, pero esta vez madre e hija toman la firme decisión de que se le va a practicar un aborto. Pero la película se ambienta en el Chad actual, donde el aborto es ilegal y el Islam, mayoritario en el país, juega un papel fundamental en ello. No en vano veremos en varios momentos del film un tedioso y acosador imán que llega incluso a ir a casa de sus fieles si han faltado a demasiados rezos.
La película nos muestra un cuadro del periplo que tienen que hacer estas mujeres para conseguir el aborto: miedo a la represión, miedo del personal médico por ser sorprendido, imposición de pagar un dinero por ello, las redes clandestinas creadas para practicar abortos -y no sólo para abortos, sino también para realizar ablaciones de clítoris falsas, lo cual nos ha resultado bastante curioso que estas mujeres abortistas se especialicen en ambas imposiciones patriarcales-, redadas policiales, la mirada atenta de un vecindario indiscreto, cuando no directamente cómplice con la estructura patriarcal…
No es sólo un cuadro de una sociedad del Sur Global con una religión monoteísta diferente a la imperante en Occidente, sino que también es un espejo en el que mirarnos, puesto que no hace tantas décadas en la mayoría de Europa el aborto era ilegal y las consecuencias sobre los cuerpos gestantes no difieren demasiado de lo que sale en la película. Podemos mirar al pasado y también al futuro, con una ofensiva de una ultraderecha cristiana fanatizada, retrocesos frente al aborto en EEUU y propuestas de recortarlo de candidatos populares que se postulan a presidentes, y con una parte del “feminismo” -por llamarlo de alguna manera- también ultraderechizada y más interesada en atacar a la gente trans que en defender los derechos de las mujeres, llegando a apoyar candidaturas políticas de partidos que son tan tránsfobos como antiabortistas.
Nos preocupa, ya que conocemos bien la forma de estructurarse la islamofobia francesa, que esta película pueda ser leída en esa clave, ya que a menudo se utilizan discursos pretendidamente feministas para señalar como “retrasados” a países como Chad. Gran parte de esta preocupación viene de ser una coproducción de Chad con varios países europeos -incluyendo Francia, el país que colonizó Chad-. No obstante, Mahamat-Saleh Haroun, su director, es originario de Chad y sigue manteniendo vínculo con el país, a pesar de que lleva desde hace cuarenta años viviendo en Francia exiliado por la guerra. Su cine es de tipo social, representando problemáticas de una sociedad con la que sigue en contacto, y en este caso ha hecho una apuesta política de altos vuelos posicionándose manifiestamente a favor del aborto y contra el machismo de su prohibición, y de otras prácticas como la ablación. La forma en la que la película transcurre, con una destacada agencia de sus personajes femeninos, máximo protagonismo de discursos feministas y que no hay contraposición a un Occidente supuestamente mejor, nos ha dejado con suficiente tranquilidad como para recomendar encarecidamente este film.
En 1877 el geógrafo ruso anarquista Piotr Kropotkin viajó a Suiza, donde entró en contacto con el movimiento anarquista local y quedó fascinado. Por ello lo tenemos entre los personajes principales del film, pero lo que parece el protagonista verdadero de la película es el tiempo. La industria fabril que destaca en la Berna que reproduce la película es la relojera, la cual pose fama internacional. Además de fabricar relojes a miles, el empresariado mide en segundos la productividad de su plantilla, y la insta permanentemente a producir más para ganar más dinero -lo que se conoce en castellano como trabajar a destajo-. Pero además nos encontramos con el uso del tiempo como una fuerza autoritaria y explotadora: gente midiendo los paseos de la plantilla y de la población para encontrar mejores caminos y más rápidos y productivos, las fábricas funcionando unos minutos por delante del resto de la ciudad -que posee ni más ni menos que cuatro horas locales, ya que por entonces la precisa medición que se realiza actualmente y la interconexión tecnología vigente no existía- para entregar antes las entregas, despidos por llegar tarde al trabajo unos minutos debido a haber acudido a otro espacio local con otro horario… De hecho, el título del film es un juego de palabras entre la pieza del reloj que gira sin parar dentro del mecanismo, que coloca en el mismo una de las protagonistas, Josephine, y agitación, malestar social o disturbios.
La explicación del contexto histórico a varios niveles que hace la película es cuanto menos impecable y profunda. No se dedica únicamente a contarnos una historia del movimiento anarquista, sino que nos explica con detalle el contexto filosófico y político en el que se mueve, con el industrialismo alterando los ritmos vitales de la población, los inicios de la fotografía y el negocio en torno a ella, las disputas por el poder local, la exaltación de los valores nacionales locales, el creciente poder y dependencia de la tecnología de la comunicación, la omnipresencia de los cuerpos policiales, el clasismo, la explotación laboral, la deshumanización… Y, frente a todo esto, la Federación del Jura, una red descentralizada de organizaciones sindicales anarquistas que posee medios de comunicación, cooperativas, cajas de resistencia, redes de apoyo internacionales y el afianzamiento de sus ideas en torno a diversos temas que aparecen en el film, como el apoyo a huelgas en el extranjero, la exaltación nacional, las elecciones o la oposición al militarismo. Además, poseen una cooperativa donde pueden producir relojes al margen de la explotación en las fábricas, si bien también cuentan con simpatizantes y militantes dentro de las mismas: sin un aparato estatal que regule la seguridad social, las mutuas y cajas de resistencia del sindicalismo son la mejor alternativa.
Aunque suene reiterativo, la película nos ofrece un prisma excelente de la época, y al final de la misma podemos ver el viraje del estado suizo de tolerar el anarquismo a empezar a plantearse su represión, entre presiones internacionales y de la patronal.
Título original: Sangre de unicornio
Dirección: Alberto Vázquez
Guion: Alberto Vázquez, Pedro Rivero
Música: Hongo Productora: Uniko, Canal+ País: Reino de España Año: 2013 Duración: 8 min.
La adorabilidad de los ositos de peluche y los unicornios queda en segundo plano en este corto: los ositos cazan a los unicornios para comerse su carne y estar tan adorables. Sin ningún remordimiento y sin ninguna empatía por los unicornios. Ni por los unicornios ni entre ellos mismos, pues veremos además una relación absolutamente diferenciada entre cómo se tratan entre ellos los unicornios y cómo se tratan los ositos, humillándose y maltratándose, con un alto grado de gordofobia y capacitismo entre medias. Vamos, lo que viene a tener un paralelismo bastante destacable con el mundo cazador real.
Gore, realista y recomendable. Tiene su ampliación en la película Unicorn wars (Alberto Vázquez, 2022)
Título original: Psiconautas, los niños olvidados
Dirección: Alberto Vázquez, Pedro Rivero
Guion: Alberto Vázquez, Pedro Rivero
Música: Aránzazu Calleja Productora: ZircoZine, Basque Films, Abrakam Estudio, La Competencia País: Reino de España Año: 2015 Duración: 16 min.
Prolongación extendida del corto Birdboy (Alberto Vázquez y Pedro Rivero, 2010). A raíz de un accidente industrial, la isla en la que viven los protagonistas está devastada y la vida de su población se basa en la superviviencia. No obstante, vemos que hay claramente clases en este modelo de sociedad: gente con profesiones liberales arriba, y parias abajo, con un abanico de gente más o menos desclasada entre medias. Veremos chatarreros, campamentos chabolistas, traficantes, yonquis, policías con tendencias racistas cazando “criminales”, gente repleta de prejuicios hacia la pobreza… y gente tratando de huir a otro lugar, ya que no hay esperanza en el lugar de origen. Algo que es una clara parábola sobre algunos de los motivos de la emigración, así como la gente alrededor que se aprovecha y que le intenta robar a gente que ya de por sí es pobre.
La película es una auténtica muestra de canibalismo social, en el que todo el mundo da codazos a todo el mundo para subsistir, y mientras tanto tenemos una historia entre adorables animalitos -a menudo no tan adorables en realidad- con cuestiones místicas y mágicas entre medias. En cualquier caso, estamos ante una pieza excelente de la animación, que trata problemas sociales más que cotidianos.
Camille trabaja en un colegio católico de Québec, tiene una relación con uno de los profesores del centro y lleva una vida tranquila y estable. Hasta que conoce a Petra, una lesbiana racializada que vive en una comunidad nómada circense. Esto le altera completamente la vida, debatiéndose en qué hacer, si optar por una vida o por otra, mientras la doctrina católica y su enorme homofobia va haciendo mella en ella.
Temas como la lesbofobia interiorizada, la heterosexualidad obligatoria y la doctrina eclesial al respecto son centrales en el largometraje, que contraponen a una escena alternativa y medio punk circense, mucho más laxa y liberada en torno a cuestiones sexuales.
Verano de 1938. El frente republicano del Ebro se desmorona, y el alto mando ordena la retirada al otro lado del río. Cubriendo la retirada del todo el ejército se quedan seis combatientes con un oficial, en mitad de la retaguardia enemiga, con el ejército franquista y la Guardia Civil buscándolos, y con cinco casquillos de bala -de ahí el título del film- entregar un importante mensaje.
Las película nos da un asomo muy interesante a la Guerra Civil, más aún tratándose de una película realizada en la RDA. Es a su vez un homenaje a los combatientes de las Brigadas Internacionales, de los cuales muchos fueron alemanes antifascistas huidos del nazismo. Aunque cae en algunas incongruencias, como que la retirada definitiva del Ebro tuvo lugar en noviembre, sin el calor abrasador veraniego que sufren nuestro protagonistas, o que las Brigadas Internacionales habían sido evacuadas en agosto, en un intento fallido más del gobierno republicano por dar una buena imagen internacional con el que recibir apoyo de las potencias liberales occidentales. En lugar de eso, dieron apoyo a Hitler en el Pacto de Múnich el siguiente mes, entregándole en bandeja Checoslovaquia y dejando una vez más en la estacada a la II República española.
Nos encontramos elementos tan interesantes como el armamento de fabricación alemán: no sólo es porque la película sea alemana y ello le salía más barato, sino que a estas alturas de la guerra, el Ejército Popular Republicano reciclaba el armamento de su adversario, que en su mayoría era de origen alemán e italiano. Y como coincide gran parte de la historiografía, la metralleta MP38 y la ametralladora pesada MG34 fueron dos de las más potentes armas empleadas durante la guerra. De hecho, hay afán por parte de los protagonistas de hacerse con una MG34, un deseo habitual entre la tropa republicana, puesto que era una de las mejores ametralladoras existentes entonces en el mundo. También vemos la cuestión de los pueblos que cambian de bando varias veces, y el apoyo popular que tenía la República en ellos, pues en Aragón más que en la mayoría de territorios hubo una mejora notable de las condiciones del campesinado, que pudo colectivizar las tierras por su cuenta o mediante decretos gubernamentales.
Como datos anecdóticos pero muy reveladores, el escritor Walter Gorrish, el guionista, fue de los primeros brigadistas internacionales que llegaron a defender la II República en 1936, militante desde 1931 del Partido Comunista Alemán. Y debido a que Franco seguía gozando de buena salud, la película fue finalmente rodada en Bulgaria, debido al parecido del clima, fauna y flora de Aragón con zonas búlgaras.
Una película entretenida, de buen ritmo y una visión muy novedosa de la guerra civil vista desde la mirada brigadista. Muy recomendable.
Título original: La isla de los pingüinos
Dirección: Guille Söhrens
Guion: Javiera Moraga, Javier Muñoz Percherón, Guille Söhrens Música: Azeituniya,Taisen Francisco Martín, Domenec Ludeña Fotografía: Gustavo Uribe Reparto: Lucas Espinoza, Rallen Montenegro, Juan Cano, Paulina Moreno, Germán Díaz Productora: Salmón Cine País: Reino de España Año: 2017 Duración: 106min.
En abril de 2006 comenzó la protesta estudiantil más fuerte de la historia de Chile, conocida como la Revolución Pingüina -por los uniformes estudiantiles-, en la que aproximadamente un centenar de centros escolares principalmente de Santiago tuvieron encierros, y se convocó un paro nacional el 30 de mayo que tuvo una adhesión mayoritaria, de cientos de miles de estudiantes de las enseñanzas medias. Fue el primer pulso de los movimientos sociales contra el régimen político heredero de Pinochet, puesto que la protesta estaba sobre todo contra el sistema educativo impuesto por el régimen militar, y la más grande movilización contra este sistema político y sus herederos -por entonces estaba en el gobierno el Partido Socialista, con Michelle Bachelet a la cabeza- hasta el estallido social de octubre de 2019.
La película nos sitúa en un centro de enseñanza privada cuyo alumnado decide también unirse a los encierros. La enorme estratificación social chilena nos muestra un contexto muy diferente al de la mayoría de colegios movilizados, pero esto le permite al guion colocar un abanico mayor de tipos de estudiantes movilizados: nos encontramos como protagonistas a descendientes de cierta clase media y media-alta, con alumnado militante comunista, feminista, anarcopunk, católico y también con poco conocimiento de la política, como es el caso del que parece protagonista. El profesorado y la dirección también parecen más bien conservadores, aunque no es generalizable, pues cuentan con simpatías entre el personal docente.
Este abanico permite a la película hablar de temas muy dispares: el clasismo dentro de la enseñanza chilena, los tejemanejes de organizaciones como el Partido Comunista para controlar las movilizaciones instrumentalizando promesas de ascenso dentro del mismo, las estrategias para defenderse de los ataques policiales y/o neonazis -los cuales tuvieron lugar realmente durante la revuelta-, las asambleas de coordinación de los centros, la endémica corrupción del sistema político chileno hasta los últimos estratos institucionales -en este caso, la dirección de un instituto privado-, los debates políticos en torno a la enseñanza y conflictos durante las ocupaciones, el papel manipulador de la prensa y el gobierno…
En general, una muy buena película, que parece hacer bastante honor a la Revolución Pingüina y a la lucha contra el régimen continuista de Pinochet. Muy recomendable.
La Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL) no surgió como una seta repentinamente en 1976, como muchas veces se traduce viendo la documentación periodística de la época, o incluso con algunos productos culturales de nuestra época –Modelo 77 (Alberto Rodríguez, 2022), ya recomendada y criticada en este mismo blog-, sino que venía de largo. Este corto empieza en agosto de 1975, aún vivo Franco, pero podríamos retrotaernos incluso un poco más. No obstante, es una buena fecha para empezar, ya que la organización dentro de la cárcel estaba bastante avanzada, y ya empezó a haber pequeños motines en algunas cárceles, el más detacado en la Modelo de Barcelona en octubre de 1975. Pero bien es cierto que en los primeros meses posteriores a la muerte de Franco se llevó a cabo la génesis de la COPEL, y en este corto tenemos una buena y realista muestra de cómo tuvo lugar aquello.
Para ello parten de una historia de ficción, pero con grandes paralelismos con la realidad que vivió gran parte de la población penitenciaria: Miguel es un joven de extracción social muy baja encarcelado bajo la Ley de Peligrosidad Social por el atraco a un banco. Destinado a Carabanchel, prisión que cumplía de centro neurálgico por el que pasaban la mayoría de presos para ir más tarde a otros centros penitenciarios, ha tenido contacto con franceses conocedores de las revueltas de presos en Francia que contaron con el apoyo de la izquierda y de intelectuales, y el hartazgo por las condiciones laborales y la amnistía política concedida en julio de 1976 que excluyó a gran parte de los presos políticos y a todos los “no políticos” hicieron el resto. Así pues, el corto acaba con la primera acción que fue atribuida a la COPEL o a lo que luego fue la COPEL: una huelga de talleres a favor de la amnistía total.
Los personajes que aparecen son muy reales y corresponden completamente a la población penitenciaria de entonces: gente pobre, marginada socialmente por el régimen, y que a su vez se sentía también víctima del aparato franquista. Y el trato de los carceleros a los presos, y en concreto a este tipo de presos, más verdadero no puede ser.