Richard Sorge, el maestro del espionaje

Título original: Zorge
Dirección: Sergey Ginzburg
Guion:
Dmitriy Novoselov
Música: Vladimir Davydenko
Reparto: Aleksandr Domogarov, Shion Nakamaru, Osamu Yamamoto, Andrei Rudensky, Viktoriya Isakova, Andrey Leonov, Yuliya Aug, Sergey Ginzburg, Ivan Shibanov, Tatiana Kosmacheva, Tatiana Kosmacheva, Junsuke Kinoshita, Sergey Byzgu, Shinshô Nakamaru
Productora:
Coproducción Rusia-Ucrania-China; Star Media, Shanghai Film Group.
País: Rusia
Año: 2019
Duración: 720 min.

Richard Sorge es uno de los espías más importantes del siglo XX, a pesar de que por el cuadro de operaciones que le tocó no es tan conocido como muchos otros. Quizás sin él la Unión Soviética no hubiera detenido el avance del Ejército Nazi sobre Moscú en el verano-otoño de 1941, lo cual son palabras mayores.

Nacido en Baku (Azerbayán, por entonces Imperio Ruso) en 1895 de padre alemán y madre rusa, a los 3 años se mudó al II Reich. Fue herido tres veces durante la Primera Guerra Mundial, quedando cojo de por vida y exento del ejército. En la retaguardia fue testigo de las carencias que la población alemana sufría fruto de la guerra, frente a los privilegios económicos que seguía gozando la burguesía y aristocracia. Junto con las lecturas marxistas que le pasaron enfermeras mientras estaba convaleciente, en 1918 se afilió al Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, con el que participó en la insurrección de Kiel en noviembre que fue el pistoletazo de salida de la disolución del régimen monárquico. Durante dicha revolución se afilió al Partido Comunista, y en 1924 se trasladó a la URSS, donde pasó a engrosar el servicio secreto ruso.

Su amplio conocimiento de las culturas chinas y japonesas lo llevó a ser el principal espía soviético en el Pacífico, primero en Shangai en 1930 -donde previno a la URSS de la invasión japonesa de Manchuria- y más tarde en Tokyo, pasando previamente por Alemania para afiliarse al Partido Nazi y consiguiendo ser enviado como corresponsal de un periódico alemán para solidificar su tapadera. No tardó en hacerse un puesto de honor en la embajada alemana, en un momento de estrecha colaboración germano-japonesa en el telón previo a la guerra mundial: el Pacto Antikomintern (1936), la colaboración comercial, industrial y tecnológica, la cercanía de valores políticos…

Sorge montó un grupo de espionaje que vemos con mayor o menor acierto representado en el film: Hotsumi Ozaki, consejero del primer ministro japonés Fumimaro Konoe; Yotoku Miyagi, pintor; Branko Vukelić, corresponsal francés de origen croata; y Max y Anna Clausen, comunistas alemanes que se encargaban de las transmisiones. En la película vemos algunos personajes más, como un ninja comunista que protege el grupo, o un operador holandés, aunque parece que son inventados.

La serie arranca en 1938, con la deserción y paso a Japón de Liushkov, oficial de alta graduación de la policía política, el NKVD, que pasó información muy valiosa al Imperio nipón en un contexto de creciente tensión en la frontera ruso-japonesa. En los primeros capítulos veremos el papel de Sorge avisando de movimientos importantes de tropas japonesas contra la URSS a sus jefes, los cuales pudieron derrotar fácilmente a ejército imperial en el lago Jasán (agosto de 1938) y en Janjil Gol (agosto de 1939). Más tarde llegó a informar de la fecha exacta en la que se produciría el tan anunciado ataque nazi contra la URSS, violando el tratado de no agresión que tenían Rusia y Alemania. A pesar de recibir la misma información desde varias redes de espionaje, como La Orquesta Roja -cuya serie homónima, Die rote Kapelle (Franz Peter Wirth, 1972), ya comentamos en este blog-, hicieron caso omiso y los primeros días de guerra fueron una catástrofe para la URSS que la mantuvo a poco de sucumbir. Sorge tenía bastante mala fama en el Kremlin, aunque tras este hecho pasó a ser considerado una fuente primordial, tan primordial que consiguió hacer llegar a sus superiores que Japón no invadiría la URSS por su frente oriental si el III Reich no ocupaba Moscú. Poco después fue capturado junto con el resto de la red y años más tarde ejecutado, pero esto propició que la URSS moviera la mitad de sus tropas del frente oriental a la defensa de Moscú, deteniendo de cuajo el avance alemán, haciéndolo retroceder y consiguiendo llegar al invierno, en el que la Wehrmach se volvió menos operativa y entró en un impas y posterior declive en el temido frente ruso.

La serie explora mucho más profundamente y mejor la figura de Sorge que otros productos culturales audiovisuales surgidos en torno a su figura, como la película japonesa Spy Sorge (2003). Es normal, puesto que la multiplica en minutos grabados, y la seria abarca una horquilla temporal mayor. Esto nos permite un mayor conocimiento recreado del contexto geopolítico de esta zona y de la relación entre la URSS, el III Reich y Japón. Así como del ambiente político interno japonés, aunque en este punto podrían haber profundizado un poco más. También hay multitud de datos falsos en la película que a nuestro modo de ver le quitan rigor y veracidad a la serie, tales como que el desertor Liushkov no murió como aparece -de hecho no se sabe cómo murió ni cuándo, sólo que desapareció tras la derrota japonesa en 1945-, que Sorge se enteró de otra manera de la fecha de la invasión contra la URSS, que varias personas de la embajada alemana fueron sustituidas a raíz de la detención de Sorge y no terminaron muertas, o que su grupo no fue capturado como nos muestra la serie, sino a raíz de una redada contra simpatizantes comunistas tras la cual se delató a Miyagi, y éste confesó el resto de nombres del grupo en las torturas. De hecho, la forma en la que aparece es pura misoginia, un elemento por desgracia cada vez más presente en el cine ruso, y en este caso los dramas amorosos y las peleas de gatas eclipsan otros aspectos de la historia mucho más interesantes.

A pesar de esto, es una serie muy interesante que nos muestra uno de los aspectos de la Segunda Guerra Mundial menos explorados. Nos hubiera gustado más un poco más de rigurosidad y de explicación del contexto político que vivía Japón entonces, puesto que las similitudes entre el III Reich y entre lo que se iba convirtiendo el Imperio Japonés no fueron únicamente simbólicas o folclóricas, y este tema es bastante poco conocido en esta zona del mundo, en gran parte por culpa de la masificación de productos de la Segunda Guerra Mundial que se interesan únicamente por lo llanamente bélico y por los campos de concentración y los crímenes de estado de los países del Eje. Esta historia también nos demuestra una cuestión que la narrativa oficial de este conflicto bélico aborda muy de puntillas: que fue un conflicto profundamente ideológico, a nivel de que la ideología a menudo sobrepasó los nacionalismos o las políticas de estado. Sin este elemento, que un francocroata, tres alemanes y dos japoneses conspiraran para pasar información a Rusia no tendría sentido, ya que lo que les movía no era la defensa de sus gobiernos, sino compartir una ideología comunista y un compromiso antifascista que irremediablemente les colocó contra sus gobiernos y en favor de un fin mayor a los estados-nación, como eran la revolución internacional y la fraternidad entre los pueblos libres.

Recomendable.

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