En el Sarajevo ocupado por los nazis, una operación antiterrorista desarrollada por el ejército alemán planea debilitar las fuerzas partisanas de la ciudad infiltrando un agente doble en las mismas que se haga pasar por el desconocido Valter, dirigente regional. El objetivo es conseguir que grandes reservas de combustible lleguen a las tropas que se retiran ante el imparable avance soviético. Para ello, se desarrolla toda una red de espías, infiltrados y colaboracionistas de todo tipo, hasta el punto de que ya no sabes quién es nazi y quién es comunista en la película.
Una interesante pieza sobre espionaje que rehúye las narrativas épicas típicas del cine occidental. Los protagonistas son mucho más realistas. Recomendable.
Un joven buscavidas termina, sin comerlo ni beberlo, saboteando el desfile local del día de la policía. Aunque tampoco es un cortometraje explícitamente antipolicial, el humor del mismo radica principalmente en las situaciones tensas en las que el protagonista pone a los uniformados. Y aún así, no dejar de haber una mínima crítica social, como una novia que no lo quiere por ser pobre, gente desahuciada, o una multitud dispuesta a rapiñar cualquier producto tirado en la calle. Si hicieron esta película en los Estados Unidos de 1922, era porque el odio a la policía hace 100 años ya era un elemento con el que contar a la hora de elaborar guiones con posibilidades de éxito.
En castellano llegó renombrada como “La mudanza”, en un intento de descafeinar el título original, y en especial el subtítulo, que decía “un rugido de los antidisturbios”. No vamos a obviar el hecho de que una persona, ataviada con el estereotipo de anarquista de entonces, lanza una bomba contra el desfile que acaba en las manos del protagonista. Los atentados anarquistas contra la policía eran habituales en una época en la que la policía tenía órdenes de reprimir cualquier subversión “de izquierdas” por el miedo soberano que las autoridades tenían a la recién triunfante revolución soviética. La detención en 1920 de los anarquistas Sacco y Vanzetti fue el caso más sonado, especialmente por su asesinato en la silla eléctrica siete años después, pero las acciones anarquistas antipoliciales se sucedieron imparables años antes y años después. Por ejemplo, en 1917 anarquistas volaron una comisaría de policía de Milwakee, a lo cual sucedió un juicio-farsa con anarquistas imputados al azar, la mayoría de los cuales estaban en la cárcel cuando se cometió el atentado.
Además de las risas que nos echaremos viendo a policías ser puetos en ridículo, el punto de que aparezca el problema de vivienda en una película titulada “polis” en versión original es más que reseñable, y nos hace ver que las cosas no han cambiado demasiado en un siglo. Recomendable.
La sordidez y el humor oscuro caracterizan a este largometraje que caricaturiza de manera tórbida la absurda sociedad estadounidense, en especial abordando el tema de la represión sexual. Pajilleros compulsivos, adictas al sexo, gente traumatizada por su soledad sexual, violadores, pederastas y adolescentes que no logran correrse protagonizan situaciones lamentables y patéticas que nos harán reír y llevarnos las manos a la cabeza en diversos momentos del film.
Lejos del morbo habitual que genera el tema nazi, este documental se propone investigar el período de transición entre el ascenso del Partido Nazi en el parlamento alemán y la culminación definitiva del inicio del proyecto nazi y del III Reich con el nombramiento de Hitler como sucesor del presidente de la República, Hindenburg. O sea, entre septiembre de 1930 y finales de 1934. Contra lo que se suele pensar, el desarmamiento de la República de Weimar fue un proceso paulatino y paso a paso, como lo fue también el ascenso del fascismo en Italia, así como multitud de dictaduras militares del mundo que no se impusieron con un golpe de estado súbito.
En este caso, el documental analiza las políticas aliancistas del conservadurismo político, de la aristocracia y del estamento militar con el nazismo con el fin de frenar el auge de socialdemócratas y comunistas, en un contexto de absoluta deslegitimación del capitalismo fruto de la crisis de 1929. Si Alemania estaba ya jodida por las medidas impuestas tras la derrota de 1918, esta crisis exacerbó aún más la situación, y las jerarquías de toda la vida temían de verdad perder su poder y privilegios, y el nazismo apareció en el tablero de juego como posible pieza de terminar de consolidar sus intereses. Y podríamos decir que el tiro les salió por la culata, que viene a ser la narrativa del documental, y podría ser en parte verdad, puesto que algunos de los artífices de este pacto acabaron forzados a exiliarse o asesinados por los nazis, pero el documental no cuenta que otros sectores de la derecha conservadora se acomodaron buenamente al nuevo Reich alemán y tuvieron unos beneficios como nunca bajo los regímenes anteriores. Por ejemplo, la industria bélica: la mayor parte de sus jerifaltes terminaron con carnets del NSDAP y con un ejemplar de Mein Kampf en su estantería.
La narrativa habitual del documental es fascismo vs. democracia. Y hay que reconocer que no oculta datos que, interpretados de otra manera, demostrarían que la propia democracia apoyó el ascenso nazi. Por ejemplo, la complicidad entre nazis, policías y judicatura, que generó una dinámica de impunidad en los asesinatos cometidos por escuadras nazis contra sus opositores antifascistas. En el docu, lo leen como corrupción del sistema democrático. En este blog, lo leemos como la deriva lógica del sistema parlamentario cuando se comienza a ver superado por las fuerzas de izquierda. Lo podemos ver en muchos lugares del mundo en diversos momentos del siglo XX: Italia, España, Portugal, Chile, Argentina, China, Grecia…
Por último, es algo molesto que el “héroe” que eligen en cada capítulo para visibilizar la oposición al ascenso del nazismo sea siempre un liberal crédulo de la democracia. Sin ocultar que las personas citadas merecen cuanto menos que nos quitemos el sombrero ante sus acciones -de hecho, el abogado Hans Litten, que estuvo llevando a nazis a los tribunales hasta su llegada al gobierno, también defendía a comunistas imputados en montajes o por propias peleas con nazis-, el ascenso del nazismo tuvo mucha más oposición por parte del marxismo alemán que por el liberalismo político. Pero con mucha diferencia. Las cifras de comunistas y socialistas muertos en la calle entre 1930 y 1932 son alarmantes. No es casualidad, como citan en el propio docu, que fueran la primera peña a por la que fueron cuando Hitler fue nombrado canciller -un tema en el que, quizás, el docu debía haber ahondado más-.
Sin embargo, y dichas estas críticas, nos encontramos ante un documental bastante bien hecho, que enfatiza datos determinantes para conocer la historia de este período que habitualmente quedan relegados en segundo plano, y que realiza algunos análisis bastante correctos en diversos aspectos. Recomendable.
Ambientada en la frontera entre México y EEUU en los años cincuenta, la película comienza con un atentado que acaba con la vida de un magnate económico estadounidense y su amante al cruzar del primer país al segundo. La forma de afrontar el caso por parte de la policía consiste en tirar de contactos de la mafia local e inculpar al primer sospechoso que tienen con pruebas falsas, y preparando un montaje para chantejear a un abogado que se ha dado cuenta de la malversación. Todo esto entremezclado con el racismo y la xenofobia hacia la población mexicana, que complica la situación aún más.
Una buena crónica de las prácticas policiales, que van más allá de que sea un caso individual dentro del cuerpo: los policías alardean todo el rato de impunidad, de presunción de veracidad, de currículum, de tener amistades en la judicatura, de haber entrenado a gran cantidad de policías, de tener un historial limpísimo -esto se terminará viendo que no es tan así durante la película; una forma más de manipulación policial- y de que su palabra vale mucho más que la de mafiosos, gente pobre y/o inmigrantes o residentes de México, que siempre tienen intereses ocultos para mentir como, por ejemplo, odiar a la policía y a la gente exitosa.
Todo este buen argumento, acompañado de espectáculos de cabaret -recordemos que es una zona de frontera- y de gestiones con amantes. Muy recomendable.
La película cuenta una historia muy original de una comunidad bollera de Vancouver: Maggie y Kim son la relación ultrapasional que ejerce de hilo conductor en la historia, pero la película abarca multitud de situaciones muy interesantes que la hacen pertenecer a las recomendaciones de este blog: aunque hay un espacio de fiesta en el que además convergen identidades trans, el lugar principal de socialización de la trama es una librería lesbiana. Una librería que, además, está teniendo problemas de censura con las autoridades aduaneras, dado el contenido de los materiales que mueven, catalogados como pornografía. Cuestiones como el armario, la familia, la bisexualidad, la lesbofobia, los grupos neonazis o la represión sexual aparecen bastante bien tratadas en el film. Pero algo que nos ha gustado definitivamente ha sido, además de que el final no sea un drama en el que muere una de las dos bollos protagonistas -esas pelis están vetadas en este blog-, que en una fecha tan temprana como 1999 esta película se lanza a tratar el tema de las identidades trans no heterosexuales. Una de las protagonistas secundarias es una tipa trans bollera que está enamoradísima de la bollotrón propietaria de la librería. Hay discursos concretos de reivindicación de los trans como femenino y, además, aunque sufra situaciones de transfobia -lo cual hará pensar a más de una espectadora que las cosas no parecen haber cambiado en los últimos 20 años-, y sin querer hacer spoiler, este personaje acaba con un buen final.
Dave Brown es el típico policía supremacista blanco y violento, que hace lo que quiere sin que tenga consecuencias legales, y cuando las tiene, alega a traumas derivados de su paso por Vietnam. Así le va hasta que le graban pegándole una paliza a un chaval que le provoca un accidente de tráfico. Al ser, además, un chico negro, esto provoca una oleada de protestas en Los Ángeles, que genera una investigación sobre los métodos que desde hace tiempo emplea este policía.
Una película que muestra bastante bien la impunidad de la que generalmente gozan los policías en el ejercicio extralimitado de sus funciones, la complicidad que generan sus acciones con el resto de compañeros -que se lo toman a broma o le quitan hierro al asunto-, y el mecanismo político para tratar estos casos: protestas civiles que generan que las instituciones aprieten las tuercas a los mandos policiales, que genera que abran expedientes y asignen policías para investigar a otros policías que finalmente son incapaces de reunir pruebas o, las que reúnen, no sirven lo suficiente como para provocar condenas. Una buena descripción del funcionamiento de la policía en Los Ángeles, en California, en EEUU y en prácticamente cualquier lugar regido por un estado que exonera a sus más fieles servidores de reproducir la ideología dominante a baso de hostias o asesinatos. No en vano está basada en la novela homónima que relata lo que la película personifica en una persona, en general en la división Rampart de la misma policía de Los Ángeles. Muy recomendable, pero avisamos del contenido explícito de violencia policial, racismo y machismo que hay en el largometraje.
John llega a una ciudad de la costa oeste estadounidense para ganarse la vida. Allí conocerá a Frank, que le incite a irse a dormir al poblado chabolista por donde mora. Al lado hay una iglesia donde están pasando cosas raras, y cuto párroco ofrece discursos políticos que no son bien vistos por las autoridades. Y no vamos a hacer más spoiler, pero la cosa acaba en una auténtica fotografía de las relaciones imperialistas adoptando el papel colonizado el llamado “Primer Mundo”, con una crítica bastante clara al capitalismo, a la manipulación mediática, al consumismo… con curiosas referencias a la filosofía platónica y al comunismo, y con unas buenas dosis de violencia. Recomendable.
A través de Bella, Terry y Kwame, tres buenas amigas de que se conocen desde el instituto, esta serie británica explora gran cantidad de temas de rabiosa actualidad: las redes sociales, las agresiones machistas, la homofobia, la familia, las identidades trans, el racismo y las comunidades migrantes o descendientes en general… Todo esto confluye en un maremagnum todo a la vez, generando situaciones que quiebran la cabeza de nuestras protagonistas y las colocan en vivencias que buena parte de las personas espectadoras puedan compartir hasta cierto punto. Recomendable.
Como mucha peña en este 2021 (año, por cierto, en el que está ambientada la película), accedí a su existencia gracias al videojuego Cyberpunk 2077, basado en gran parte en el film, el cual ha generado una polémica tremenda, en especial por parte de esos gamers pseudo-machitos que pululan por la red y cuya opinión nos importa bien poco. En cuestiones de género tampoco es una película como para tirar cohetes, pero en muchas otras temáticas, es tremenda. Johnny tiene un implante de 160 gigas de almacenamiento en el cerebro. Su jefe le pide transportar una información de Asia a EEUU en su implante. Pero varias cosas salen mal y la cosa acaba en Johnny buscando sobrevivir en un mundo ultratecnologizado, repleto de conflictividad social, con ejércitos privados de megacorporaciones (en este caso, una farmacéutica que tiene contratada a la Yakuza), grupos de hackers, punks del futuro, economías sumergidas y médicos voluntarios que luchan contra un síndrome que provoca temblores que llevan a la muerte a quienes los sufren, probablemente derivado de la ultratecnologización. Vamos, que podemos decir que la película ha acertado bastante en cómo iba a ser nuestro futuro. Todavía no tenemos látigos láser ni delfines hackers (que sepamos), pero sí represión, enfermedades a nivel global (y ahora una supuesta pandemia), farmacocracia, imposición tecno-informática, cada vez mayor estratificación social y una sociedad que se va deshaciendo.
Por lo demás, es una obra muy entretenida, muy bien hecha, un pelín gore, con unos efectos especiales cuanto menos reseñables -tengamos en cuenta que es prácticamente cine independiente- y con mensajes distópicos bastante buenos y muy actuales. Muy muy recomendable.