La ruta de las ratas -el sistema de huida de Europa de destacados nazis tras su derrota en 1945- tuvo como Argentina uno de sus epicentros más destacados. Como bien destaca el film, las colonias alemanas proliferaron en el país desde el siglo XIX fruto de la inmigración alemana, pero crecieron exponencialmente con la llegada al poder de Hitler, siendo rociadas de recursos económicos insólitos con el fil de afianzar el credo nacional-socialista fuera de la propia Europa, y probablemente por fines imperialistas que tenía el III Reich más allá del propio continente.
Así pues, Argentina fue punto de llegada predilecto para nazis destacados que eran buscados por sus crímenes contra la humanidad, y entre ellos se encontraba uno de los principales objetivos del Mossad, de la judicatura de la República Federal Alemana y de cazanazis judíos como Simon Wiesenthal: el doctor Josef Mengele. Miembro de las SS, entre 1943 y 1945 fue el médico-jefe del campo de concentración y exterminio de Auschwitz, lo que le dio carta blanca para experimentar con miles de personas, principalmente de origen judío.
Tras divagar por varias direcciones dentro de Buenos Aires y por algunas localidades argentinas, en 1960 dio con sus pies en Bariloche, plena Patagonia argentina, donde lo acogió la escuela alemana allí fundada en tiempos del III Reich. En este punto comienza el film, que nos tralada la vida del médico nazi a cómo afecta a una familia recién llegada a la comunidad patagónica, fruto de que la madre fue criada en su comunidad alemana. Una de las protagonistas es Lilith, una niña de 12 años con un retraso en el crecimiento. Y con este marco la película nos habla de los experimentos que Mengele continuó desde los lugares donde estuvo escondido, que siguieron teniendo como principal objeto de estudio a mujeres embarazadas, niñes pequeñes y gemelos, con el apoyo habitual de nazis o filo-nazis de las comunidades germánicas. Todos estos elementos fueron los que permitieron que Mengele prosiguiera su vida, y la película los narra dramatizados. También el momento en que estuvo a poco de ser detenido, aunque no fue como aparece en la película: la pensión donde estaba alojado tenía también hospedado a un grupo excursionista de judíos sionistas, entre quienes parecía estar la espía del Mossad Nora Eldodt, que apareció asesinada en un monte cercano durante la huida de Mengele de Bariloche, alertado por los excursionistas y por la captura en Buenos Aires de Adolf Eichmann. Moriría en 1979 en la costa brasileña, ahogado en el agua tras sufrir un infarto.
La película es entretenida y, pese a tratarse de ficción, tiene mucho de realidad. Muy recomendable.
Un vídeo se viraliza en Francia en el que se ve a unos hombres vestidos de policías dándole una paliza a un adolescente argelino de la que no sobrevive. Es la chispa que enciende la llama de una revuelta gigantesca en los ghetos franceses, protagonizada principalmente por la comunidad árabe. Athena es uno de esos distritos marginales, conocidos en Francia como banlieue, en este caso una conurbación ficticia de París cuyo origen, como el de la gran mayoría de estos, es alojar en bloques altos, separados del resto y bajo unas condiciones estructurales lamentables a las familias que migraban de las excolonias francesas en los sesenta y setenta, que ha provocado a día de hoy una segregación social que tiene pocos homólogos en la Europa actual.
La primera mitad de la película es básicamente espectacular, y nos coloca en una situación muy tensa y muy real al describir una revuelta en una de estas banlieues: un grupo de jóvenes asalta una comisaría y roba material antidisturbios a la vez que la prende fuego. Y lo hace en mitad de una rueda de prensa apagafuegos en la que la policía coloca a uno de los hermanos del asesinado, militar recién llegado de Mali -donde durante años Francia ha estado reprimiendo protestas anticoloniales que buscaban excluirla del expolio de materiales primas que lleva décadas haciendo en el país, hasta que recientemente por fin ha sido expulsada- y miembro de la comunidad musulmana del edificio. Mientras llama a la calma, un cóctel molotov impacta en la puerta de la comisaría y empieza el asalto, lo cual es la señal para iniciar el asalto, con todas las cámaras delante y dando el mensaje de que no todo el mundo está dispuesto a mantener la calma.
Además, uno de los que participa en el asalto es también hermano del joven asesinado. Y hay un tercer hermano que es uno de los que dirige la venta de drogas en el barrio, y está indignado con la revuelta porque le jode el negocio y daña sus estrechos vínculos con la brigada criminal de la policía, a la que tiene más que untada. Cada hermano representa una postura dentro de los ghettos raciales franceses: Karim es la lucha contra la policía y el régimen que les condena a vidas de miseria y a sufrir periódicamente violencial y asesinatos de su parte; Abdel reproduce el papel de apagafuegos que poseen muchas asociaciones musulmanas de los ghetos, a menudos beneficiadas por subvenciones de la administración y que tienen contacto directo con las fuerzas represivas, sirviendo como dique de contención de las revueltas -este tema ya aparece muy bien explicado en Los Miserables (Ladj Ly, 2019)-, además de que es militar y colabora estrechamente con la policía; y Mokhtar, que defiende únicamente sus intereses económicos, le importa una mierda que la droga que vende esté matando a su vecindario, y aunque comparte con él sus orígenes raciales y culturales, sus acciones benefician más a quienes invaden su barrio y asesinan y golpean a su población. Como el narcotráfico en general, vamos.
Junto a todo esto, salen otros temas igual de esenciales: el papel intoxicador de los medios de comunicación, que se dedican a quitarle peso al asesinato para beneficiar a la policía y a justificar sus intervenciones contra la población sublevada; el fantasma permanente de la ultraderecha que pretende asustar a la población sublevada para que deje de quemar cosas, porque esto la beneficiará, la alentará y luego será peor; la marginalidad a la que son relegados en estos barrios por parte de todo el mundo los yihadistas, el eterno papel represivo de la policía y su incapacidad por resolver los conflictos de una forma diferente al asalto militar…
Además, el rodaje es frenético, los largos planos secuencia son loquísimos y las escenas de disturbios son pura pornografía de revuelta, con cohetes lloviendo todo el tiempo y policías sufriendo las consecuencias de sus actos. No obstante, el trato de algunas situaciones no nos ha gustado mucho, y hacia la segunda mitad la historia se enrevesa, se torna confusa y hay un giro de los acontecimientos que es muy interesante, pero que se desarrolla de una manera algo extraña. No obstante, muchos de los mensajes citados anteriormente quedan bastante expuestos a pesar de esto. Muy recomendable de ver.
ALERTA SPOILER SI SIGUES LEYENDO
Normalmente no avanzamos hasta el final de la película en ese blog, pero en este caso nos ha parecido que era necesario. Durante toda la película escuchamos que la policía dice que ha sido un grupo de extrema derecha, y como es lógico nadie se lo cree, ni protagonistas ni audiencia, puesto que las personas de los banlieues de la vida real ni gran parte del público cree a la policía ni a los medios de comunicación, se conocen bastante los vínculos entre ultraderecha y policía, y la estrategia de usar al neonazismo como forma de desmovilización está a la orden del día en la Europa de los últimos cincuenta años. Pero en los últimos minutos del film, en una especie de epílogo, vemos cómo en realidad los asesinos del joven son unos nazis disfrazados de policía.
Le hemos dado muchas vueltas a este final y aún no tenemos conclusión. De primeras no nos gustó, aunque tememos que no nos guste porque necesitemos películas rígidas con cada personaje en su sitio y ultraestereotipadas, y nos encanta que la policía quede reflejada en el cine como la basura que es, y nos deprime cualquier concesión que se le dé, porque estas representaciones nos afectan luego en el día a día de nuestras vidas, en especial a quienes pertenecen a sectores habitualmente acosados por gentes de uniforme. Pero la verdad es que no es sólo esto: es un final que no se corresponde con la realidad francesa de los últimos años, en los que desde que en 2017 se aprobó una ley que permite a la policía disparar en caso de huida, ha habido unos 20 asesinatos de jóvenes racializados, y varios de ellos grabados por gente que estaba en la zona. Ninguno ha sido por parte de la ultraderecha para culpar a la policía, porque básicamente no es necesario: si es cierto que tienen una agenda de tensión, como la han intentado imponer durante la última revuelta, no necesitan cometer ellos los asesinatos, ya lo hacen encantados los policías, que muchas veces comparten ideología fascista.
Por todo esto, no nos gusta este final tan “disruptivo”, por ponerle una palabra: bien es cierto que nos deja la reflexión de que las cosas en Francia son tales que nadie cree ni a policía ni a poder mediático aunque estén diciendo la verdad, también puede suponer invalidar toda la lucha que aparece en el film y llevar a la conclusión de que la policía no era tan mala porque decía la verdad. Nos resuelta bastante impactante que acabe así una película estrenada en 2022, cuando parte de esas dos decenas de asesinatos se habían cometido, además de los otros tantos que llevan provocando revueltas en las banlieue desde los años ochenta, incluso antes en otros barrios (como la masacre de ciudadanos de origen argelino en el Barrio Latino en 1961, o un año después frente al metro de Charonne, ambas en París y a manos de la policía). La película se rueda con el asesinato de Adama Traoré ya ocurrido en 2016, con las gigantescas movilizaciones que ha seguido habiendo en los siguientes años y que se han permeado con otras movilizaciones por asesinatos policiales de gente racializada -como la última de Nahel, ocurrida tres semanas antes del séptimo aniversario del asesinato de Adama Traoré- o con lo chalecos amarillos y otros movimientos sociales francesas. Este crimen también provocó una ola de revueltas históricas en el país galo, y tras la gigantesca revuelta un año después por el asesinato de Nahel, a raíz de un vídeo donde policías matan a un joven racializado, sentando unas similitudes impresionantes con el film, vemos cómo este final ha envejecido muy mal.
No obstante, a pesar de toda esta crítica, nos sigue pareciendo recomendable y digna de ver.
Pocas películas sobre la Gran Guerra de entonces pusieron a la soldadesca en un plano de tanto protagonismo como este film de claro contenido antimilitarista. La película está ambientada en el verano-otoño de 1918, cuando las líneas alemanas del frente occidental se desmoronaron. Y muestra cómo lo viven cuatro soldados alemanes recientemente incorporados al frente, amigos desde pequeños, que llegan frescos y con ilusión y acaban sufriendo un calvario de muchísima hambre en el frente pero especialmente entre sus seres queridos de la retaguardia, material insuficiente, inferioridad tecnológica y mandos militares carentes de empatía.
La película contradice directamente la narrativa impulsada por el conservadurismo alemán y por el Partido Nazi sobre que la guerra terminó porque los marxistas traicionaron a la nación y se rindieron, obviando que el ejército alemán estaba perdiendo escalonadamente la guerra ante un desgaste generalizado de su intendencia y armamento, unas pérdidas escandalosas sin posibilidad de repuestos, y frente a un enemigo fresco reforzado por la llegada del ejército estadounidense. Por esto y por su mensaje antibelicista esta película terminó siendo prohibida en 1937, y el propio Ministro de Propaganda nazi Goebbels la calificó de “cobardemente derrotista”. G. W. Pabst, que fue un prolijo cineasta y un genio del séptimo arte por entonces, fue además una persona que nunca ocultó en su obra cinematográfica sus ideas de izquierda, por lo que para entonces se hallaba exiliado. Al declarar Francia la guerra al III Reich, en 1939 fue deportado por ser alemán, y Goebbels lo chantajeó para hacer cine para el Reich o la muerte, mientras el régimen nazi lo instrumentalizaba de cara al exterior mostrándolo prueba de que había libertad de expresión. Por suerte sobrevivió a la guerra y dejó unas pocas películas más antes de su fallecimiento.
Un grupo de jóvenes se enrola en el ejército francés al poco de empezar la Primera Guerra Mundial. Llegan frescos al frente poco después de la batalla de El Marne, primer revés militar que detiene el avance del ejército alemán, y pasan a engrosar la guerra de trincheras, donde sufren unas situaciones extremadamente duras que les va haciendo caer en combate uno a uno.
La película, basada en el libro homónimo aparecido al año siguiente del armisticio (1919), nos muestra encarnizadamente y con los medios del cine de entonces la extrema dureza de este conflicto bélico. Desde la intencionalidad de hacer más un homenaje a los caídos en el frente que plasmar un mensaje manifiestamente antimilitarista, la crudeza con la que se exhibe la guerra y escenas como la de los soldados siendo convertidos en cruces de tumbas, cargando con ellas o defendiendo un cementerio de forma suicidad, acabaron dando en la audiencia un mensaje antimilitarista. Algo que entendió la extrema derecha nacionalista francesa, que se dedicó a criticar la película y acosar a sus actores. Los cuatro protagonistas principales eran veteranos de guerra reales: Charles Vanel, el que parece más o menos el protagonista, fue acosado por la ultraderecha por haber estado diez meses en el frente, a pesar de que le quedaron secuelas psicológicas. Pero también fue acosado el actor Raymond Aimos, que tiene un papel bastante importante, a pesar de que estuvo los cuatro años en el frente y fue condecorado en la crudelísima batalla de Verdún. Quizás su manifiesta postura de izquierdas tuviera algo que ver.
Hay escenas muy impactantes que nos preguntamos cómo pudieron rodarlas sin efectos especiales, hay momentos de tensión muy angustiosos y hay un clima permanente de ruido, escenas inestables y juegos de cámara que pretenden generar incomodidad y horror en el público, para que se haga una mínima idea de lo que fue todo aquello.
Esta película de fantasía y mitología vasca se basa en la leyenda de Iñigo Arista, considerado primer rey vasco de la historia en términos modernos, aunque que fuera rey de un reino está sometido a debate a día de hoy. La historia aparece mezclada con elementos propios de la mitología vasca, como las lamias (mujeres con pies de diversos animales, aunque en la película son más bien de aves) o la diosa Mari, tan poderosa como en la propia mitología, que además de afianzar el mito del matriarcado vasco ha sido referente para gran parte del feminismo vasco.
Comenzamos el film con la batalla de Roncesvalles, donde un grupo de vascones emboscó a la retaguardia del ejército de Carlomagno, bajo el mando de Roldán, familiar del futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Y la acabamos con la coronación como rey de Pamplona de Iñigo Arista, a inicios del siglo IX. Junto a otros elementos históricos tenemos una visión de lo que la historiografía ha denominado “reconquista” que de cruzada cristiana contra los infieles musulmanes tiene bien poco, como ocurrió en la realidad, en especial en latitudes como la de Euskal Herria: hay un intento independentista del Califato por parte de la familia Banu Qasi que cuenta con alianzas vasconas, hay enfrentamientos entre cristianos más que contra otras religiones, hay fanatismo católico que deshabilita e invalida las creencias históricas del pueblo vascón… El proceso de aculturación del cristianismo sobre las creencias históricas vasconas queda bastante bien plasmado, así como los motivos por lo que ocurre, naciendo un contexto en el que mayoritariamente la fe cristiana tendrá mayor preponderancia. Pero nos ha resultado bastante interesante que algunos de los personajes más odiosos del largometraje son defensores a ultranza de la fe vaticana.
Además, es un producto cultural muy entretenido, que hace una incursión en la mitología vasca jamás visto anteriormente en la historia del cine español… en general se hace referencia a mitologías de los pueblos “civilizados” que colonizaron la península, como el panteón romano, o el griego -por no incluir al cristianismo en ellas, ya que lo trajo el Bajo Imperio Romano-, cuando ha habido mitologías muy destacadas y muy interesantes en la península antes y al margen de la dominación cristiana, de las que a día de hoy sabemos bastantes cosas gracias a los estudios que han proliferado al respecto en el último siglo y medio.
Los Apaches son una hooliganada ficticia del Nápoles, y los protagonistas de la película son tres generaciones de integrantes de ésta. Sandro se encuentra entre sus veteranos, lleva treinta años en la afición y tenía dos hijos adolescentes, Sasa y Angelo, que serían la generación más joven. Pero Sasa murió a menos de los ultras del Roma unos años antes, y en la actualidad se debate entre la moderación y la estrategia que proponen Sandro y el resto de veteranos, o de las soflamas enardecidas que propone la generación intermedia, entre cuyas propuestas abundan propuestas suicidas y poco pensadas. Entre medias, Sandro ha conocido a una mujer con la que le gusta estar, pero todo a su alrededor le impide ejercer de novio -junto con que es un machista de mierda, lo cual a poca gente le sorprenderá viniendo de un ultra futbolero- porque su pasado y presente en los Apaches está en todo momento presente.
Algo que tiene la película y que merece mucho mencionar es la excelente ambientación que hace del mundo ‘ultra’. No sólo a nivel estético y performativo, que también, sino y muy especialmente a nivel discursivo. Los momentos de tensión y de apasionados discursos nos sitúan dentro de la psique hooligan como pocos productos culturales previos han conseguido: los llamados a la unidad, la mentalidad corporativista, la necesidad del enemigo, las luchas de poder, los cánticos como recurso para paliar conflictos internos y aislar a quien no es de la propia afición, las llamadas a anteponer al club deportivo por encima de la vida personal, afectivo sexual y de cualquier otra cosa, o las referencias al honor y a la lealtad. Junto todo ello con una gala de la masculinidad más hegemónicamente tóxica posible, con vejaciones y objetificaciones a las mujeres, apelaciones a ser cobarde y marica si no se quiere hacer algo arriesgado, la total ausencia de féminas en la hooliganada, los malos tratos internos como forma de marcar o reducir jerarquía… Todo expuesto de una manera muy clara y muy realista.
Por cierto, nos resulta repugnante que la comercialización de la película en el Reino de España aya sido bajo el nombre “Hooligans radicales”, como si “ultras” no significara lo mismo en ambos estados actualmente. La expresión “radicales” seguida de una palabra que por sí sola ya se hubiera acercado más al título original y hubiera vendido suficiente, nos recuerda más bien a esas narrativas de mierda a las que politicuchos y medios de comunicación al servicio de monopolios mediáticos nos tienen acostumbradas, cuando equiparan a un mejunje a menudo irreconciliable entre sí (fascista, nazis, ultras del fútbol, heavys, punks, skinheads, antifacistas, anarquistas, comunistas, etc) como “radicales” para hacer parecer a todo el mundo igual y quitarles el componente político. Por ello hemos preferido mantener su nombre original en la reseña.
Una familia dedicada históricamente a la recolección melocotonera y posterior distribución se ve privada de su fuente de ingresos porque el propietario, hijo de los terratenientes de toda la vida, considera que puede sacar mayor rentabilidad destrozando los melocotoneros y poniendo en su lugar paneles solares. La indignación asola el pueblo y el resto de agricultores planean movilizaciones ante la proliferación de la destrucción de sus tierras históricas para colocar esta supuesta energía verde, mientras no por casualidad las distribuidoras pretenden pagarles menos por kilo de melocotón con el fin que abandonen el oficio. Para colmo, el conflicto de marras acaba entremezclándose con varios conflictos familiares, que generan un clima de enorme tensión y permanentes rupturas dentro de la familia.
Aunque en general la película nos ha gustado, creemos que aporta debates interesantes y no en vano estamos dedicándole tiempo y espacio en este blog, nos ha dejado una sensación algo agridulce porque pensamos que se han desaprovechado muchas posibilidades para hablar de temas alrededor o para ahondar aún más los ya tratados. Se pasa muy por encima del recurso permanente a utilizar mano de obra inmigrante, principalmente negra, algo que cualquier persona originaria de Alcarràs ha visto desde peque, con una situación de explotación, mal pago y racismo de parte de la población local más que manifiesta. Un vacío que adolece este film, pero en el que afortunadamente gira gran parte de la película Suro (Mikel Gurrea, 2022), también catalana y del mismo año. Y nos falta una mayor profundización en torno a la energía solar: el coste ecológico que tiene no únicamente espacial y sustituyendo ecosistemas, sino su falta de sostenibilidad a la larga, o el lugar al que muchas veces va la energía recolectada, que no es precisamente el pueblo ni si quiera la capital comarcal más cercana, sino grandes ciudades o incluso fuera del propio estado o territorio cultural y político.
Y nos falta una reflexión puramente política, puesto que Alcarràs está dentro de un ecosistema político muy concreto como es Cataluña, y las movilizaciones de agricultores contra el gobierno no pueden ser instrumentalizables por la extrema derecha como lo han sido las de otros territorios tan fácilmente. Tenemos un personaje que va de alternativo y radical y carece de escrúpulos a la hora de venderse al terrateniente y pasar a gestionar los paneles, mientras que el agricultor de toda la vida que no va de nada parece tener una postura mucho más coherente. Esta justificada posible crítica a la izquierda se queda descontextualida, o quizás únicamente entendida de las fronteras catalanas hacia dentro, si no se explica por ejemplo que gritar “Visca la terra!” en una movilización como ocurre en el film no significa únicamente que se dan vivas a la tierra que hay en el suelo, como podría entenderse en castellano, sino que hay una connotación política muy clara de una tendencia muy concreta, y que no es la derecha ni el españolismo precisamente. No explicar esto, de cara a fuera de las fronteras catalanas y de los Països Catalans puede dar lugar a un mensaje equiparable al anticomunismo cultural de toda la vida que evidencia las contradicciones de la izquierda con el fin de socavarla, no de construir en positivo. Y en el contexto que nos toca vivir, esto no es nada beneficioso ni para el campesinado que sufre de las nuevas supuestas energías verdes, incluso ni para quienes buscan en esta energías una solución a los problemas climáticos que vivimos y que aumentarán.
Aún así, es entretenida, tiene el mérito de ambientarse en el mundo rural y en exponer sus expectativas vitales y sus contradicciones. Por ello la recomendamos.
Rango es un reptil de aspecto camaleónico que tras un accidente de tráfico acaba en el desierto de Mojave perdido y sediento. Al llegar a Dirt, una localidad de la zona otrora próspera, se entera del enorme problema de carencia de agua que asola la región, y debido a las trolas que cuenta sobre su vida, la población deposita en él su confianza para solucionarlo.
Desde la animación y el cine comercial, estamos ante una película que reflexiona de manera bastante interesante y acertada sobre el problema del agua, un problema que cada vez está más presente en el planeta, y que por desgracia probablemente se agudice. No es complicado llegar a la conclusión tras ver la película de puntos tan interesantes como el despilfarro de agua por parte de sectores más privilegiados (los humanos en este caso), el control del agua por parte de las élites políticas, la retención de agua con fines especulativos, el papel de la industria inmobiliaria, las guerras por el agua… Todo aderezado con una factura impecable y un argumento muy entretenido, con referencias que disfrutará mucho el público cinéfilo, pero que nos plantea unos debates la mar de urgentes.
Marcela está embarazada de un novio al que no traga, que no la trata como debería, y no tiene dinero ni capacidad de independizarse. Pero consigue un trabajo cuidando a Amador, un hombre mayor que no puede valerse por sí mismo, mientras su hija se halla de viaje. De origen gallego, echa de menos su tierra, a la vez que se siente frustrado por la situación en la que está. Hasta que un evento le trastoca completamente, y se ve envuelta en una historia en la que no sabe que hacer para poder seguir adelante con el contexto que le a tocado.
Una tremenda historia que mezcla precariedad, migración, trabajo sexual, trabajo del hogar, relaciones sexo-afectivas que sólo se sostienen en la necesidad material, religión y moral religiosa, conflictos entre personas migrantes y marginadas en diferentes estratos de vulnerabilidad y diferentes problemas variados más.
Esta película nos hace un prisma generalizado de la actitud de diversos sectores de la sociedad danesa frente al largo proceso de ocupación nazi desarrollado en Dinamarca entre 1940 y 1945. Un proceso que fue mucho más complejo, mucho más poco a poco que en otros países, debido al colaboracionismo en diversos prismas que en un inicio dio el gobierno y las instituciones danesas. El III Reich permitió a Dinamarca tener gobierno propio, aunque sometido al veto de los ocupantes, y dejó la represión de los primeros movimientos de resistencia en manos de la policía danesa. Se permitió la existencia de todos los partidos, incluyendo el socialdemócrata, salvo el partido comunista, que fue ilegalizado tras la invasión de la URSS en 1941. Del mismo modo, según la guerra fue quedando perdida para Alemania, recrudeció la represión sobre Dinamarca, aboliendo el Parlamento, tomando el control del gobierno y deteniendo a buena parte del funcionariado, a la vez que desproveían de materias primas al país y derivaban toda la industria danesa a intereses alemanes.
Todo esto es vivido por una familia de clase muy acomodada, con un padre patrón industrial que oscila entre su patriotismo danés y los enormes beneficios que obtiene por trabajar para los nazis, con una madre asqueada de este colaboracionismo pero temerosa de las consecuencias que tenga esto para su familia, una hija que se enamora de un comandante nazi de submarinos, un hijo ex-combatiente de la Guerra de Finlandia engatusado por el anticomunismo para unirse a las tropas nazis, otro hijo músico simpatizante de la resistencia y otro hijo con amigos y simpatías comunistas que termina adhiriéndose al movimiento de resistencia antinazi. Cada personaje representa una tendencia importante de la sociedad danesa de entonces, y nos permite ir recorriendo poco a poco el desarrollo de los acontecimientos y los debates que se suscitaban: la colaboración o no colaboración y las posibilidades que había en ello, la cuestión de la población judía, la figura de los excombatientes, el papel del partido comunista en la resistencia y sus dinámicas internas, la colaboración policial con la Gestapo, los movimientos de protesta… Un tupido cuadro bastante bien compuesto que nos da una idea bastante fidedigna, muy amenamente contada de aquellos duros años para Europa, incluso en Dinamarca.