Título original: En construcción
Dirección: José Luis Guerín
Guion: José Luis Guerín Fotografía: Álex Gaultier
Productora: Oviedo País: Reino de España
Año: 2001 Duración: 125 min.
En el contexto de la destrucción de gran parte del otrora Barrio Chino barcelonés, renombrado como “El Raval”, diversas conversaciones en la calle y dentro de las obras son captadas por las cámaras, mostrando un reflejo de las vivencias en primera persona de los acontecimientos que estaban desarrollándose en el barrio. Problemas sociales, explotación laboral, violencia policial, terrorismo urbanístico, política y supervivencia aparecen como protagonistas en un documental que brilla por su originalidad.
Estamos ante la adaptación cinematográfica de la vida de Juan José Garfia, famosísimo preso de los años ochenta y noventa conocido por protagonizar diversos motines que buscaban mejorar las condiciones de la población reclusa. También por los asesinatos en los que participó, de 1 guardia civil, un policía municipal y un testigo dueño de un bar local, y por protagonizar una fuga espectacular de un furgón blindado. Esto provocó que a él y a varios presos rebeldes más les aplicaran por primera vez el Fichero Interno de Especial Seguimiento (FIES) en 1991 en el Penal de El Dueso. Considerado como la cárcel dentro de la cárcel, Garfia y sus compañeros vivieron un auténtico infierno incapaz de escapar a cualquier tribunal de derechos humanos: vestían con monos, pasaban las 24h en la celda, una cámara les vigilaba en todo lo que hacían, no podían comunicarse entre ellos, no podían salir al patio, apenas tenían luz solar, les torturaban con palizas o esposándolos… En realidad, la película sólo cuenta una parte de estas condiciones, la que pudo tolerar el formato cinematográfico, porque las consecuencias psicológicas y físicas que les dejó han quedado plasmadas en varios libros.
A través de Garfia y demás protagonistas, veremos las consecuencias de la prisión, el castigo que comporta en los seres queridos, y la sed de sangre de buena parte del funcionariado penitenciario y del propio aparato penitenciario en sí. Veremos el debate en torno a la reinserción o a destruir y castigar la vida de la población reclusa. Veremos carceleros comidos por el odio, equipos médicos cómplices y partípes de las torturas a sabiendas de su ilegalidad, y casos aislados de querer ayudar a los presos que no son bien recibidos por el resto. Se usa como hilo conductor la relación entre Garfia y su compañera sentimental, aunque esto no le resta del todo importancia al resto de eventos.
Gracias a algunos de estos casos, Garfia consiguió hacer una carrera y pudo publicar varios libros, usados sin duda como fuentes para esta película. No saldría de la cárcel hasta unos años después del estreno en libertad condicional, logrando extinguir su pena del todo en 2015, casi una década tras el estreno de esta película, gracias a la abolición de la inhumana Doctrina Parot y la unificación de penas gracias a su abogada y a su apoyo exterior.
Aunque puede tener pinta de ser la típica película moñas navideña que nos habla de la maravillosidad de la familia y el cristianismo, en realidad estamos ante una película manifiestamente antimilitarista. En la Nochebuena y la Navidad de 1914, en diversas partes del frente francés durante la Primera Guerra Mundial varias unidades anglofrancesas y alemanas espontáneamente pactaron un alto el fuego y confraternizaron, contraviniendo las órdenes de la alta oficialidad, que se hallaba a kilómetros de las trincheras celebrando la Navidad en la retaguardia. Cuando esto terminó saliendo a la luz, fue un escándalo que todos los ejércitos intentaron tapar, a la vez que reprimían a quienes habían participado.
La película nos muestra la durísima vida en las trincheras y los horrores de los combates, a la vez que nos enseña la lejanía entre los estados mayores y los soldados rasos y suboficiales, la diferencia de clases entre ambos estratos, la empatía entre miembros de esa clase baja aunque sean de ejércitos rivales, el papel del bajo clero como aglutinador y pacifista frente a unas jerarquías eclsiásticas alineadas con el discurso belicista, el nepotismo dentro del ejército, la diversidad de credos, el hambre, los traumas, la incerteza de las trincheras, las familias separadas por la línea del frente…
Este clásico de cine soviético y chileno a la vez nos sitúa en las primeras semanas del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile. El día del golpe de estado, la policía se presenta en la oficina de varias personas vinculadas al partido comunista, pero el cuadro político consigue escapar y el secretario, ajeno mayormente a la política, es quien es detenido por el ejército. La película nos muestra el desarrollo de ambas vidas tras su separación: la lucha por permanecer sin ser detenido, borrando información sobre camaradas y preparando una estructura política en la clandestinidad; y la lucha por la supervivencia dentro del campo de concentración del Estadio Nacional de Santiago, donde la película pasa por diversas facetas durísimas y detalladas del encierro, basándose en testimonios de personas que habían estado recluidas.
Pancho tiene pesadillas por haber dejado a su familia malviviendo en su pueblo, mientras él gracias a sus padres consiguió tener una carrera y finalmente un trabajo de gerente explotador y pelota del jefe en una empresa de Ciudad de México. Hasta que la pura avaricia, tanto propia como la de su materialista y aprovechada esposa, hace mover a toda la familia al pueblo, donde el contraste entre ciudad y mundo rural será explosivo.
Con este argumento de fondo, el típico conflicto familiar, generacional y mundo urbano vs. rural, la película nos cuenta en realidad una historia del mundo marginalizado mexicano, de los problemas sociales que sigue arrastrando el país -pobreza extrema, alcoholismo, narcotráfico, machismo, LGTBIfobia, corrupción…- pese al gobierno de izquierdas de AMLO y la Cuarta Transformación que oficialmente atraviesa el país y que mantiene escandalizados a todos los ricos rancios que aparecen en el film. Nos habla también de la avaricia, de la falta de sentir colectivo, del egoísmo llevado al chiste y a la caricatura, pero no por ello menos verdad. Y nos habla de la eterna injerencia de los EEUU en México, buscando robarle sus recursos naturales, sus materias primas y burlando sus leyes mediante la corrupción del sistema. Lo que en última instancia revierte en el empobrecimiento del país y en el de la familia que protagoniza el largometraje.
Con un humor ácido y crudo, estamos ante el final de la pentalogía -inicialmente tetralogía- que su director, Luis Estrada, empezó hace 25 años y culmina -en principio- ahora, en la que habla de los problemas graves que posee México desde diversos puntos de vista, conectando de diversa forma las diversas películas en el mismo universo sanguíneo. A pesar de que las cuatro anteriores fueron hechas bajo los sucesivos e infinitos gobiernos del PRI o bajo la coalición que siguó poniendo a los mismos en el poder, sus críticas al gobierno no han cesado pese al cambio de éste por un gobierno de izquierdas, del cual el director se mostró favorable en el pasado. Y creemos que esto le honra.
En un estado ficticio latinoamericano conocido como ‘Eldorado’, una misma familia lleva gobernando desde la época de las independencias de inicios del siglo XIX, gracias a la relación de pleitesía que protagoniza con la potencia mundial de turno. Amparándose en la represión, la autolegitimización y poderes extranjeros, se perpetúa sin fin, incluso cuando parece que va a caer, en lo que es una auténtica alegoría de la historia de América latina. No por casualidad este film se realizó precisamente en los años del Plan Cóndor, por el que EEUU, ex-nazis fugados y ultraderechistas locales dieron infinitos golpes de estado furibundamente anticomunistas por toda Latinoamérica con el fin de instaurar regímenes serviles a Washington.
Ernesto Pimentel sigue siendo a día de hoy un refente del travestismo y de la lucha contra el estigma del VIH en Perú. Esta película es su biografía, comenzando cuando era niño y adolescente y fue sorteando unas condiciones materiales verdaderamente precarizadas, además del acoso escolar homofóbico y demás problemas. Terminaría en el mundo artístico, y de ahí dio un salto a la televisión, llegando a tener programa propio. En la película veremos todo este proceso, así como los baches y el enfrentamente ante una sociedad mayoritariamente homofóbica y muy empobrecida.
Un empleado de una cadena de hamburguesas aficionado a la cibertecnología y autogestión musical se da cuenta por casualidad de que alterando el hilo musical de su trabajo genera una situación de disrupción social y la gente comienza a hacer disturbios. Así pues, comienza a explorar la manipulación que desde lo subliminal se hace sobre la gente por parte del poder, lo cual e pone como objetivo de un agente del gobierno especializado en perseguir disidentes políticos.
Cyberpunk, contracultura, tecno y un ambiente oscuro y tecnologizado, con un poco de porno de disturbios de por medio, se dan cita en este film olvidado durante años que nos plantea el enorme dilema de la manipulación masiva mediante medios tecnológicos. Aunque es cine puramente independiente y de bajo presupuesto, llamó la atención de gran parte de la contracultura, contando con en su banda sonora con grupos que lo estaban petando en la Alemania Occidental de entonces e incluso a nivel mundial, como Soft Cell, y con la participación como actor del propio William S. Burroughs, escritor de la generación beat de quien se citan pasajes de sus obras.
En un funeral judío, una universitaria trabajadora sexual se encuentra con su principal cliente y sugar daddy. Llega, además, tras discutir con su familia recibiendo varios comentarios bifóbicos, con pocas ganas y se da de bruces con que hay varias cosas importantes que su sugar daddy no le ha contado de su vida. Y viceversa.
La película nos habla del estigma del trabajo sexual, de sus potencialidades, de la bisexualidad, de las relaciones sexuales entre mujeres y del machismo estructural. Pero en especial nos habla de las familias y de sus mentiras, desencuentros, disfuncionalidades y que están basadas en el poder en el peor sentido del término. En este caso, en un contexto judío, pero extrapolable a cualquier otro.
Título original: Calamity, une enfance de Martha Jane Cannary
Dirección: Rémi Chayé
Guion: Sandra Tosello, Fabrice de Costil, Rémi Chayé Música: Florencia Di Concilio
Productora: Maybe Movies, Sacrebleu Productions País: Francia
Año: 2020 Duración: 82 min.
Este film recrea de manera imaginativa la infancia de Calamity Jane, una exploradora estadounidense y una colonialista partícipe en las invasiones del territorio donde vivían pueblos nativos durante el tercer cuarto del siglo XIX. En este caso, la película se centra en el viaje con su familia hacia Oregón para asentarse, que provoca que Martha Jane tenga que hacerse cargo de gran parte de las responsabilidades. Debido a ello, comienza a vestir como un chico, lo cual provoca escándalo y rechazo por su entorno.
Por tanto, estamos ante un film que toma esta época como fondo, pero que habla principalmente de masculinidades en infancias supuestamente femeninas, incluso de identidades trans, puesto que durante un buen rato de película vive y socializa como un chico. Un tema que tratan con bastante cariño y mimo, a la vez que aparecen diversas situaciones de desafío a las endebles autoridades que intentaban gobernar esta zona por entonces.