En 1971 se fundó en París uno de los colectivos que más relevancia tendría en la liberación gay en la Europa del momento: en Front Homossexuel d’Action Révolutionaire, o FHAR. Hijo del contexto revolucionario post-mayo de 1968 y de los desencuentros en torno a la divergencia sexual dentro del movimiento feminista francés, el FHAR se atrevió en sus actos y en sus escritos a cuestionar pilares mundamentales de la sociedad occidental del momento: la sexualidad no reproductiva, el sexo anal y en concreto el recibirlo, las relaciones intergeneracionales, la cuestión de la opresión clase en relación al heteropatriarcado, las identidades travestis… Todo ello publicado en revistas y libros que fueron prohibidos, exhibido en manifestaciones como las del 1.º de mayo, en boicots a congresos médicos homófobos. También fue hijo de su tiempo, y el documental tiene el buen hacer de describir el proceso de debate al respecto abierto ya por el feminismo desde finales de los 60′ oganizado en el Movimento de Liberación de las Mujeres (MLV), en su lucha por despenalizar el aborto y por emancipar a la mujer del matrimonio y la iglesia. Para ello recuerdan la figura de Françoise d’Eaubonne, veterana feminista más tarde integrante del FHAR. Y le otorga la misma relevancia a Guy Hocquenghem, destacado teórico marica de la época con un discurso muy anarquizante sobre la base del marxismo, que fue sobradamente usado por estos años para darle coherencia a la liberación sexual y para buscar alianzas con otros grupos con el fin de despenalizar la homosexualidad.
Muy entretenido y dinámico, repleno de testimonios y de material de archivo. Tiene el mérito también de haber contado con un colectivo de maricas y bolleras radicales que existía en el momento, Pantehères Roses, que aportan su opinión sobre el FHAR en base a su activismo desarrollado por entonces.
Título original: The Corporation
Dirección: Mark Achbar, Jennifer Abbott, Joel Bakan
Guion: Joel Bakan Música: Leonard J. Paul
Fotografía: Mark Achbar, Jennifer Abbott
Productora: Big Picture Media Corporation País: Canadá
Año: 2003 Duración: 129 min.
A través de su historia y su presente, este documental compara diversas corporaciones empresariales con un cuadro clínico de psicopatía en su funcionamiento. La despersonalización, la ausencia de responsabilidad, la incapacidad de ver a otras personas ajenas a la corporación como seres sintientes e iguales, la puesta como valor fundamental el beneficio económico por encima del resto y varias cosas más son razones a las que alude el documental, ejemplificando todo sobradamente, para explicar que las corporaciones hayan sido capaces en el último siglo de devastar ecosistemas envenenándolos y dañando también la salud de los seres humanos locales, de haber sido cómplices directas con el genocidio nazi, de arrancar recursos naturales y condenar a amplias comunidades humanas a la pobreza, a la deshidratación y/o a la inanición, de instar a gobiernos locales a encarcelar y asesinar a quienes critican sus procederes…
El documental cuenta con testimonios directos de éstas últimas personas, así como de especialistas en salud mental y de activistas que desde los países de origen de estas corporaciones denuncian sus prácticas.
Título original:How the Internet was Stolen
Dirección: Lewis Waller
Guion: Lewis Waller Productora: Then & Now País: Estados Unidos
Año: 2022 Duración: 129 min.
Internet nunca fue como es ahora, aunque el desarrollo de los acontecimientos y la cotidaneidad en su uso va haciendo olvidar cada vez más esta realidad. De un proyecto en un principio de origen militar aumentado en su uso civil gracias a infraestructuras levantadas con dinero público, que buscaba facilitar la conexión y la comunicación entre las personas, el capitalismo estadounidense lo ha convertido en un monstruo empresarial que especula con los datos de las personas a las que convierte en dependientes de unas pocas plataformas que buscan monopolizarlo.
Éste sería el resumen de este documental, pero las explicaciones y los archivos que emplea para elaborar la historia son muy interesante. Vemos cómo van desarrollándose interfaces, periféricos, aplicaciones y herramientas que usamos en nuestra cotidianidad mediante espionaje industrial, monopolios -lo cual está muy prohibido en EEUU, lo cual tampoco le puso freno-, boicots a proyectos que apuestan por el software libre y la libertad de acceso a contenidos, privatizaciones de infraestructuras públicas, tácticas empresariales deshonestas… Y un sinfín de situaciones cuyo desarrollo queda bien explicado en el documental. Lejos de caer en el derrotismo, éste hae una apuesta por otro internet posible.
Un retrato de la vida de las balieu parisinas visto en la mirada de varios adolescentes. La historia oscila principalmente en torno a las consecuencias que genera en éstas el tráfico de drogas al que gran parte de sus habitantes se ven abocados para subsistir. Uno de los protagonistas prefiere no estudiar y dedicarse a moverse con los traficantes, los cuales le tratan con desdén y le colocan en situaciones sumamente peligrosas. Su hermano estudia derecho y detesta todo este ambiente, tanto por las drogas como por los convencionalismos y las tradiciones de los pueblos originarios de los que procede que le impedirían estar con su novia blanca. Y el protagonista tiene trece años y se encuentra entre estas situaciones, aunque está más interesado en una chica que le gusta.
El racismo es un tema fundamental de la película, el ejercido contra los protagonistas por parte de todo tipo de personas blancas y no blancas, desde traficantes hasta gente que en principio busca ayudar.
En la conocida como Segunda Edad de Oro de la Piratería, a inicios del siglo XVIII y coincidiendo con la Guerra de Sucesión Española, dos piratas tan diametralmente opuestos como Stede Bonnet y
Edward Teach ‘Barbanegra’ navegaron juntos una temporada. La fama de sanguinarui del segundo le precedía, victorioso en multitud de batallas contra ingleses y españoles y saqueador de infinidad de barcos. Sin embargo, Bonnet era conocido como “el caballero pirata”, ya que provenía de la baja aristocracia británica y mantenía sus buenos modales y protocolos sociales en los saqueos y en el trato con el resto de piratas. Abandonó esposa e hijos por la piratería, y esos y sus modales amanerados han suscitado las sospechas que, como muchos otros compañeros de oficio en la época, la razón principal fuera su orientación sexual o su incongruencia de género.
Todo esto ha dado origen a la tremenda y por desgracia corta serie que presentamos aquí. ‘Nuestra bandera significa muerte’ explora la relación entre Teach y Bonnet y profundiza sobre la posible homoafectividad que surgiera entre ambos. Todo ello envuelto en una atmósfera de humor permanente, muy conseguido a pesar de retratar cuestiones nada graciosas, y es también un brutal acercamiento a las disidencias sexuales y de género de hace tres siglos y su paralelismo con la actualidad. También aparecen otros temas, como los mundos paralelos a la sociedad hegemónica, la gigantesca diversidad racial y cultural del contexto o formas de funcionar que recuerdan demasiado al activismo transfeminista y a sus asambleas de cuidados.
Las reseñas de películas sobre la Shoah de est blog deben ser muy diferentes antes y después de octubre de 2023, cuando otro genocidio a gran escala se cierne sobre el pueblo palestino perpetrado por aquellos que usan el genocidio a manos del nazismo como justificación de actos injustificables. Y esta película por encima de muchas es inevitable de asociar a imágenes que vemos hoy en día, de voceros mediáticos, parlamentarios y ciudadanos israelíes banalizando el genocidio sobre Gaza, jactándose de él y maltratando a personas palestinas que tienen cerca.
La película es un fragmento de la vida de Rudolf Höss, el más conocido de los directores del campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. Más concretamente, entre finales de 1943 y finales de 1944. Y se centra especialmente en la colonia alemana situada exactament al otro lado de uno de los muros del macrocampo, donde altos cargos del mando vivían a pleno lujo y con unas comodidades que en el propio Berlín, por entoces ya sometido a problemas de suministro y habituales ataques aéreos, eran un sueño para gran parte de su población. Por ello la esposa de Höss, Hedwig, tiene un papel protagonista igual de destacable que el del oficial de las SS. En la narrativa de ambos personajes, y también en la del vecindario y en sus hijos veremos la terrible normalización del asesinato y el horror con la que viven cotidianamente. Ello no pasaría si no pensaran que la gente interna en los campos se merecía aquello que les pasaba, nombrando especialmente a la población judía y a las mujeres socialmente inadaptadas y testigos de Jehová que ejercían de criadas en la colonia alemana. Entre disparos, gemidos de horror y gritos de nazis, veremos a Hedwig jactándose del precioso huerto que ha montado, o a veremos a Höss trabajando duramente en su oficia perfeccionando las cámaras de gas, oficiando barbacoas y fiestas de cumpleaños con el resto de oficiales y suboficiales de las SS.
Aun con todo lo que aparece en el film, la película se queda corta. A Höss no sólo lo trasladaron de Auschwitz a Orianenburgo por su experiencia para supervisar otros campos, sino porque se había montado un negocio de prostitución dentro del campo de concentración para los mandos de las SS, los soldados y los kapos del campo, que incluia presas judías y entre ellas a una amante del propio Höss, lo cual contravenía un número altísimo de leyes del Reich. Aquello escandalizó a la propia élite de las SS, que decidió darle un ascenso con el fin de alejarlo de aquel escándalo. Pero meses más tarde, y esto sí que aparece bien retratado en la película, la invasión de Hungría en 1944 propició que lo devolvieran a Auschwitz para que su experiencia hiciera efectiva de manera rápida y eficiente el exterminio de miles y miles de personas húngaras catalogadas como judías. Esto no aparece en la película a pesar de que hubiera dado una buena muestra de qué tipo de ser era el protagonista del film: en los juicios de Nürnberg, Höss admitió que calculaba en torno de 2’5 a 3 millones de personas las exterminadas en el campo, muy principalmente judías. Aquel testimonio, escondido debajo de la alfombra por quienes niegan a día de hoy el Holocausto, fue tan escandaloso que uno de sus camaradas nazis allí presente, el posteriormente ejecutado ex-gobernador general de la Polonia ocuapada Hans Frank declararía que “ese fue el momento vergonzoso de todo el juicio […] Esto es algo de lo que hablaremos en mil años”.
Por cierto, otro mérito más del film es que carece de la romantización, la pornografía de la violencia y la victimización que puebla infinidad de films sobre el Holocausto, por lo que no veremos ninguna escena gore ni similar en absoluto. Eso sí, la violencia simbólica es altísima. Y también aparece la resistencia polaca documentando toda la situación de horror, lo cual siempre nos alegra la ver en productos culturales que las víctimas del nazismo tienen agencia y actúan en su contra.
Alanis es una trabajadora sexual y madre de una criatura pequeña que sobrevive en la Argentina del momento, ya de por sí con bastantes problemas sociales y económicos. Vive arrendando un piso con otra compañera trabajadora sexual, compartiendo los gastos. Hasta que una jugarreta de la policía irrumpe en su domicilio y detienen y encarcelan a su compañera acusándola de proxeneta y de tener a Alanis forzada a la prostitución. Esta figura es conocida como ‘tercería locativa’, y diversos estados -el español lo ha intentando implantar en una ley recientemente, y aún así se sigue usando de manera irregular- la usan para desmantelar estrategias de supervivencia como las de la protagonista, que son bastante habituales entre trabajadoras sexuales que no quieren someterse a explotadores legales o ilegales. No por casualidad esta película recibió el asesoramiento de activistas pro-trabajo sexual que han vivido esta realidad.
La represión contra las trabajadoras sexuales que ejercen de manera autónoma no conlleva “liberarlas” como muchas voces del poder cacarean, sino que el resultado de estas acciones lo vemos bien descrito en el film: Alanis, a pesar de no caer presa, ve su vida notablemente deteriorada económicamente. Pierde su vivienda, se ve intimidada por la policía para que acuse de proxenetismo a su amiga si quiere obtener beneficios, ya no puede dejarle a su criatura a su amiga para que la cuida mientras trabaja y lo que tiene por delante es intentar sobrevivir dentro del estigma que implica ser trabajadora sexual. Para ello idea todo tipo de estrategias, desde internet hasta el trabajo de calle en zonas donde éste puede ser peligroso por clientes e incluso por otras prostitutas, exponiéndole pues la llamada “industria del rescate” a mayor violencia que la que dice paliar salvándola de una situación de explotación que no existía.
Peca de no darle demasiada importancia al tema de la maternidad. También pasa por el trabajo sexual ejercido por personas racializadas, obviamente bastante extenso en la Argentina actual, de manera demasiado tangencial. Por lo demás, muy recomendable.
Considerada como una de las primeras películas anarquistas, y también como los inicios del bajo presupuesto y de las olas de cine independiente francés nos narra en clave de humor la vida en un colegio severamente autoritario hacia sus alumnos. Éstos, que ya vienen algo gamberros de casa, tras varias situaciones en los que profesores traspasan sus límites, les castigan sin razón o incluso reprimen a otro profesor por no ser tan autoritario como ellos, comienzan a organizarse y a ser cada vez más sediciosos e incontrolables cualitativa y cuantitativamente.
Es, además, un homenaje a la propia infancia del director Jean Vigo, que pasó por internados gran parte de su infancia, fruto de que padre fue encarcelado y posteriormente asesinado en prisión por su militancia anarquista. Por desgracia, Vigo no pudo despuntar como el tremendo director de cine que seguramente hubiera sido si tan joven hizo películas como ésta: en 1934, con 29 años, falleció de tuberculosis.
Título original: Venus – Let’s Talk About Sex
Dirección: Mette Carla Albrechtsen, Lea Glob Guion: Mette Carla Albrechtsen, Lea Glob
Música: Ola Kvernberg
Fotografía: Cathrine Coleman, Mette Carla Albrechtsen, Lea Glob
Productora: Coproducción Dinamarca-Noruega; House of Real,Faction Films País: Dinamarca
Año: 2016 Duración: 80min.
Dos directoras danesas convocaron mediante la prensa un casting abierto a mujeres que quisieran hablar de su sexualidad ante una cámara. Y el resultado que tenemos en este tremendo documetal en el que varias mujeres nos narran sus experiencias sexuales, con su cuerpo y las situaciones que estar con hombres o el hecho de no estar con ellos les producen, así como el cómo se las percibe, sus experiencias satisfactorias, la cuestión de la edad, de la “virginidad”, el autoodio, la gordofobia, la fetichización, las relaciones abiertas, etc. No hace falta nombrar al feminismo, aunque eso no basta, para deducir de sus declaraciones comportamientos estructurales que demuestran una opresión ejercida por parejas sexuales, por entorno familiar y social e incluso por ellas mismas.
Título original: Oriented
Dirección: Jake Witzenfeld Música: Zohar Barzilai, Tamir Muskat
Fotografía: Michael Miroshnik, Omar Sawalha, David Stragmeister
Productora: Coproducción Israel-Reino Unido;Conch Studios País: Israel
Año: 2015 Duración: 86min.
Ahora que el pinkwashing israelí vive otro de sus momentos de mayor auge fruto de los esfuerzos por el estado sionista de ocultar otro genocidio más perpetrado en esta ocasión sobre Gaza, productos audiovisuales como éste adquieran todavía más importancia de la que ya tenían en su momento.
Khader, Fadi y Naim son tres maricas de origen palestino que viven en Tel Aviv. Lo que les marca en su día a día en este contexto no es tanto la homofobia, que también está en el ambiente, sino su origen palestino, fruto del régimen de apartheid que viven quienes deciden vivir en territorio controlado por el estado sionista, normalmente por cuestiones económicas fruto de la asfixia económica que Israel provoca a la Cisjordania palestina. Cada cual vive el conflicto de una manera diferente, pero en todos casos desde la identidad palestina como un eje de opresión ineludible. Uno de ellos tiene un novio judío, si bien es de origen armenio, lo cual le coloca fuera de la élite de poder del sionismo, que es prominentemente de origen centroeuropeo. Otro de ellos se lía con un soldado israelí sionista, lo cual le da muchos quebraderos de cabeza. El último es beligerantemente antisionista y está políticamente comprometido a favor de su pueblo, pero está aterrorizado de contarle a su familia su orientación sexual.
Al contrario de lo que expone la narrativa mediática occidental, ser disidente sexual no es una tragedia para toda la comunidad palestina LGTBI, ni es el motivo para trasladarse a Tel Aviv. Aquí veremos familias palestinas contentas con el novio de su hijo, que aceptan este hecho e incluso que a pesar de in rechazo inicial, hacen esfuerzos por entenderlo. No es para nada el clima de fundamentalismo islámico que el aparato mediático de pinkwashing nos impone. Y como vacuna a ello, productos culturales como éste son esenciales.