En un futuro cercano y distópico, la vivienda ha llegado a unos niveles de inaccesibilidad mayores aún a los que nos encontramos ahora en gran parte de Europa. Si la situación de la vivienda sigue tal cual está sin que haya medidas gubernamentales que la palien o una insurrección social que le dé vivienda a todo el mundo, el futuro próximo no será diferente a lo que esta miniserie noruega ambienta en Oslo.
La protagonista es una arquitecta que trabaja como becaria en una empresa de arquitectura que busca financiadores privados para llevar a cabo proyectos. Su ex, más mediocre que ella, como arquitecto ahí y su voz cuenta más ya que es un tío y tiene más dinero. Tras no poder acceder a más crédito bancario, termina viviendo de manera irregular en un antiguo garaje separado cutremente, ya que los coches privados fueron prihibidos. Tras haber vivido en casas como buena clasemediera, ahora lo toca convivir con personas de menor escalafón social, y así conocerá a su compañera de “casa” por llamarlo de alguna manera, que se dedica a hacer activismo arquitectónico desafiando y alterando las construcciones del orden urbanístico y constructor convencional.
La serie explora muchísimas cuestiones muy interesantes y que están en nuestra absoluta actualidad. La ultraindividualización y sus consecuencias, más aguda aún en países nórdicos que en el sur europeo, es protagonista de gran parte de las interacciones. Las auténticas brutalidades que las personas de cierto poder adquisitivo son capaces de hacer para conservar o acceder a una vivienda son tónica habitual a lo largo de la serie, llegando a niveles de auténtica traición, estafa, mentira permanente y legitimación en último término del sistema. El “sálvese quien pueda” en el que estamos en gran parte del continente, pero llevado a un extremo mayor al que podríamos llegar. La serie cumple su labor en avisar de esta situación.
En los primeros meses de 1915, el ejército francés realiza una ofensiva inútil y fallida contra una colina reforzada por soldados alemanes con el fin de desviar la atención en otras zonas del frente. Las bajas son escandalosas y la moral de la tropa está por los suelos. Las jerarquías militares se enfadan por estas derrotas y buscan sed de venganza contra sus propios soldados. Y en esta lamentable historia aparece Lucien Bersot, protagonista de este horroroso evento histórico. Su negativa a sustituir su pantalón no reglamentario por uno cubierto de la sangre de su último portador lo lleva a un consejo de guerra. Sus compañeros de regimiento intentan convencer a su oficial inmediatamente superior, y lo que consiguen es que sus dos portavoces, uno de ellos un conocido anarcosindicalista, acaben también arrestados y juzgados.
La película no sólo nos muestra como otras tantas las horribles condiciones de las trincheras durante la Primera Guerra Mundial, y el sufrimiento de sus combatientes. Nos enseña la trivialidad de las órdenes, la falta de empatía de los altos mandos ante el sacrificio innecesario de vidas de subordinados, la injusticia innata de los tribunales militares a niveles que se saltan procedimientos esenciales del derecho civil, la siempre complicidad del clero católico y las redes clientelares que los altos mandos del ejército crean en torno a sí mismo en contextos bélicos, aunque también se mantienen en las épocas no beligerantes.
Sandra sufre una paliza a manos de su marido. Debido a ello, servicios sociales le pagan una habituación de hotel a la que debe entrar por la puerta de servicio. Allí convive con sus dos hijas, mientras tiene que dejarlas cada cierto tiempo con su ex, el cual no duda en esos momentos para chantajearla emocionalmente para que vuelva con él. Con el fin de salir de este letargo, planea buscar una casa en Dublín, donde el alquilar lleva años completamente desbocado generando unos problemas sociales que interrelacionan de esta manera con personas que sufren violencia machista, abocándolas casi a volver con sus agresores.
Pero Sandra tiene una buena idea para conseguir vivienda. Con la ayuda de un arquitecto alternativo, una de sus dos jefes -esto no suele ser habitual en la vida real-, un ex-compañero de trabajo de su ex-marido y un grupo de okupas de la casa en la que vive una amiga suya, comienza a levantar una casa para ella y sus hijas.
La película sitúa en el centro varias realidades muy latentes en el contexto europeo actual. Por un lado, el problema de la vivienda ya comentado. Por otro, un ex-marido cuya masculinidad se ha construido de forma que debe poseer a sus hijas y a la madre de éstas al margen de lo que ellas quieran, y que hará lo que esté en su mano para ello y para vengarse de haber sido rechazado. Por otro, la necesidad de las personas supervivientes de violencia machista de un entorno social que las sostenga y atienda sus necesidades, lo cual suele ser mucho más efectivo que los servicios sociales de cada lugar.
En resumen, una película tremenda y de muy útil visionado a nivel general.
La película se ambienta en Hungría en 1949, durante el período de la instauración de los regímenes socialistas en el este de Europa en un contexto de férreo control autoritario y del estalinismo como fuerza hegemónica en los partidos comunistas, y en concreto bajo al acérrimo estalinista de Mátyás Rákosi como secretario general. József Pelikán es un trabajador encargado de medir las crecidas del río Danubio, y también veterano miembro del Partido Comunista Húngaro. En el contexto de las hambrunas de posguerra y las requisas por parte del estado, esconde una cerda para poder dar de comer a su numerosa familia. Pero la jugada le sale mal y es sorprendido. Un ministro del gobierno se apiada de él y lo usa para diversos experimentos políticos a cada cual más rocambolesco, que nos van retratando el paisaje político del momento y la gran cantidad de absurdeces que pueden llegar a cometerse en contextos de autoritarismo, burocratismo y obediencias ciegas a cargos superiores.
Aunque podrían usarla anticomunistas habituales para zaherir las propuestas de Marx, lo cierto es que la película se realizó en 1969, cuando Hungría seguía bajo un gobierno socialista. Los años 60 en el cine del este europeo supusieron una gran cantidad de películas que miraron con un gran ojo crítico el período estalinista, aupadas por la propia desestalinización decretada en la URSS tras la asunción como secretario del Partido a Jruschev, que comportó la dimisión del propio Rákosi. Ello no impidió que la película estuviera prohibiera en el país durante más de una década, hasta que los vientos volvieron a cambiar y Bezhnev, seguidor del modelo de Stalin, terminó sus días como máximo mandatario de la URSS en 1980.
Más que una crítica al comunismo como tal, es una crítica al estalinismo y a su modelo político, enormemente represivo, ultrajerárquico y chauvinista en cada estado-nación pese al internacionalismo propio del marxismo. El mayor ejemplo es el que da título al largometraje: el ministro le acaba incitando y finalmente obligando a declarar contra un viejo amigo e histórico militante comunista ahora acusado de traidor, como fue habitual en las purgas estalinistas de los años 30 en la URSS y en esta época histórica entre los partidos comunistas de los nuevos estados socialistas. La película nos hace una comparativa permanente con el fascismo, teniendo que compartir celda comunistas acérrimos con fascistas que los torturaron durante la guerra mundial, o incluso verlos en contextos de legitimación social por poder ser usados por el nuevo estado socialista. Del mismo modo, veremos cómo estos juegos de poder se llevaban a cabo mientras la población vivía penurias y enormes problemas ya que se le daba un peso mayor a las pugnas internas que a resolver las necesidad verdaderas.
En resumen, una sátira de gran calidad política, con momentos humorísticos inolvidables. De visionado más que recomendable.
Duszejko es una mujer mayor jubilada que vive entre bosques en un pueblo polaco fronterizo con la República Checa. Ella es una amante de los animales, le encanta vivir rodeada de diversas especies salvajes y no se los come, pero vive en un pueblo de cazadores. La caza atraviesa todos los estamentos del poder político, policial, judicial, religioso y económico de la localidad, por lo que las ilegalidades que se cometen en torno a ella no son tenidas en cuenta por ninguna autoridad cuando ella las comunica. Reina una auténtica omertà mafiosa en torno a la caza.
La película nos muestra aspectos muy vitales y poco fáciles de ver en la gran pantalla que sitúan la caza como un problema en varios órdenes de la vida. Veremos argumentos para defenderla desde católicos antropocéntricos hasta pseudo-ecologistas. Veremos una relación establecida entre el rechazo a la caza y al consumo de carne, lo cual no suele ser habitual. Porque los cazadores de la película, como la gran mayoría, no cazan por su propia subsistencia, sino como deporte. Veremos que además de cazadores son explotadores laborales, tienen redes informales de negocios turbios y se emborrachan después de masacrar animales. Y la película establece una relación bastante lograda entre caza y machismo: los veremos ejercer maltrato a parejas e incluso a un hijo, cuestionando que nuestra protagonista debería cuidar humanos y no otras especies ya que ése es su rol como mujer mayor, y los veremos en un club privado fetichizando a mujeres vestidas como los animales que cazan. En este último punto, la perspectiva de que ven tanto a sus víctimas mortales como a sus objetos de deseo sexual como presas no podía haber sido expuesta más explícitamente en una escena.
También veremos expuesta la agencia de los animales no humanos, aunque en este punto se podría haber profundizado más. Y una alianza muy interesante entre elementos marginados de la sociedad, en la que muchas personas veganas y no se verán reflejadas. Por último, hay referencias a la astrología bastante interesantes, que sitúan la película en ciertos códigos políticos y culturales que encajan con muchas otras cuestiones del film.
Cinco jóvenes musulmanas inglesas se juntan para formar una banda de punk. La serie nos cuenta la historia de la banda y de sus componentes, y de cómo afrontan una realidad que les es adversa desde infinidad de situaciones. Con mucho humor, la serie nos cuenta las situaciones que viven por tomar su espacio como mujeres y como racializadas en una escena musical masculinizada y hegemónicamente blanca, por proponer canciones feministas si querer renunciar a su vida musulmana ni permitir que se les utilice como ariete contra el islam, las pretensiones sociales hacia ellas de casarse, tener descendencia, ser madres modelos y ser heterosexuales cuando quizás no es eso lo deseado… E infinidad de temas más que nos colocan delante realidad que gran parte del público no se habrá planteado hasta el momento o no en esos términos.
Y, por supuesto, una serie repleta de temazos punks y versiones tremendas que hacen de su apartado musical una joya.
Vivien es una adolescente que llegado el caso decide hacer algo frente a las situaciones de machismo que vive permanentemente en el instituto. Inspirándose en la juventud punk feminista de su madre, decide elaborar un fanzine feminista y dejarlo anónimamente en los baños de chicas. Esta acción acaba generando la constitución de un movimiento feminista en el instituto que comienza a dar respuesta a las acciones machistas que ocurren por parte de profesorado -no necesariamente masculino- y alumnado.
La película pone sobre la mesa algunos de los debates actuales del feminismo. Por ejemplo, la interseccionalidad con el racismo, las masculinidades alternativas, la denuncia de las agresiones machistas, la sororidad… mezclada con un poco de la filosofía punk del hacer algo y hacerlo pese a la apariencia de un entorno hostil. También hay una fuerte crítica a diversas formas que tiene el machismo para desarrollarse, y al apoyo institucional que recibe mediante la inacción de las instituciones que deberían proteger a las personas que lo reciben. En este caso es en un instituto, y reproduciendo situaciones que se repiten permanentemente en la realidad, pero la película no deja de ser una alegoría para multitud de situaciones que se reproducen más allá de lo escolar.
Y si además eres fan de la banda de punk feminista Bikini Kill, disfrutarás aún más de la película, ya que es su banda sonora oficiosa.
Una historia de amoríos sirve de narrativa para esta película de las primeras de la industria colombiana que tiene como telón de fondo el robo descarado de Panamá por parte de EEUU a Colombia con el fin de construir el canal comercial que llega hasta nuestros días. Tras diversos enfrentamientos políticos, en noviembre de 1903 los sectores independentistas proclamaron la separación de Colombia con la inestimable ayuda de los EEUU, cuya propuesta de hacer el canal había elevado la tensión con Caracas al haber rechazado el proyecto el gobierno colombiano.
La película narra los acontecimientos políticos posteriores y los conflictos surgidos en el contexto de la inauguración del canal en 1914, tratándose de una de las primeras películas anti-imperialistas de la historia del cine. Se rodó escasos años después de la indemnización de 25 millones de dólares de EEUU a Colombia por la pérdida del territorio, que logró establecer relaciones diplomáticas entre ambos países y los reconocimientos mutuos. Las élites colombianas ya estaban plenamente ligadas a la maquinaria imperial estadounidense, y frente a esta vulneración de su soberanía, se limitaron a poner las manos para resolver el dinero. Podríamos decir que el aviso del film cayó en saco roto, y Colombia se volvió un vasallo más de EEUU en la zona. Sólo dos años después del estreno de Garras de Oro el ejército colombiano masacró en Ciénaga a los trabajadores de la estadounidense United Fruit Company, que buscaban mejoras salariales y en sus condiciones laborales. Aquello es conocido como La Masacre de las Bananas, y estas situaciones tan habituales en estos años en el llamado «patio trasero» de EEUU dieron origen a definir los regímenes políticos de varios países, entre ellos Colombia, como Repúblicas Bananeras.
Aunque la película puede seguirse más o menos con cierto hilo conductor, faltan varias partes de la misma. La restauración se produjo en fechas recientes, puesto que se halló décadas perdida gracias a que EEUU se dedicó a perseguirla con el fin de que no se distribuyera. Los motivos, tras todo lo expuesto anteriormente, saltan a la vista.
Título original:Rohwedder. Einigkeit und Mord und Freiheit
Dirección: Jan Peter, Torsten Striegnitz
Guion: Christian Beetz, Martin Behnke, Jan Peter, Georg Tschurtschenthaler Música: Nils Kacirek,Milan Meyer-Kaya
Fotografía: Jürgen Rehberg
Compañías:Gebrueder Beetz Filmproduktion
País: Reino de España
Año: 2020 Duración: 172min.
Detlev Rohwedder es un prototipo de hombre de estado de la segunda mitad del siglo XX europeo. Empresario miembro del Partido Socialdemócrata Alemán, a partir de 1969 comienza a ostentar cargos de responsabilidad en la política de la República Federal de Alemania. El mayor y último que tuvo fue bajo los gobiernos de derechas de la RFA y el recién constituido de la RDA, cuando lo nombraron presidente de la Agencia Fiduciaria, en alemán Treuhandanstalt. Era el contexto de la caída del muro de Berlín y la reunificación de la capitalista República Federal de Alemania y la República Democrática de Alemania, tras haber habido en esta última un golpe de mano con movilizaciones sociales que había arrancado al partido comunista de la gestión del estado. La Treuhand se dedicó a privatizar masivamente todas las empresas del estado socialista, provocando que se dispararan la pobreza, el desempleo y la precariedad generalizada en los estados recién incorporados, provocando lo que actualmente se conoce como un austericidio. Las protestas se sucedieron imparables, y las tensiones respecto a la unificación aumentaron considerablemente. En este contexto, Rohwedder se encontraba en su casa de Düsseldorf en la noche del 1 de abril de 1991, cuando un rifle de precisión lo agujereó mortalmente.
Nunca se supo verdaderamente quién acabó con Rohwedder, aunque el estado alemán dio una versión oficial que poca gente se tragó. Su muerte fue revindicada por la Fracción del Ejército Rojo (RAF por sus siglas en alemán), un grupo armado alemán comunista operativo oficialmente entre 1970 y 1998 que atacó los intereses de la Alemania capitalista y sus aliados internacionales en la región mediante atentados con bomba y asesinatos selectivos. Miembros de la patronal, soldados, policías o políticos fueron sus principales víctimas, en más de una ocasión con un pasado nazi no demasiado disimulado. Sin embargo, nunca se supieron realmente los detalles de esta operación que acabó con la vida del privatizador más odiado de Alemania en ese momento.
La serie analiza la muerte de Rohwedder desde diversos aspectos, para lo cual entrevista a una variedad muy grande de personas en torno a la cuestión. Esto nos hará escuchar los testimonios de miembros del gobierno, compañeros de partido y policías, los cuales a menudo no aportan mucho o aportan simplemente basura procapitalista. Pero lo interesante de este documental es su seria aproximación a las sombras que hubo en la RFA y en la reunificación alemana. Escucharemos hablar a militantes de la RAF que se comieron muchos años de prisión hablando de las razones por las que se unieron a la lucha armada. De la impunidad que hubo al nazismo en la RFA tras la guerra mundial, y de las simpatías nazis que mostraba gran parte de la población pese a los horribles crímenes cometidos escasas décadas antes. Escucharemos a un ex-miembro de la Stasi, la inteligencia policial de la RDA tan satanizada por innumerables narrativas y productos culturales, hablando de los nobles motivos que le llevaron a unirse y los sentimientos hegemónicos antifascistas que había en la RDA. Y escuchamos a gente que nació en la RDA que actualmente son personas conocidas en Alemania, que cuentan lo traumático que fue para ellas el proceso de reunificación. Las críticas de la sociedad alemana al autoritarismo de la RDA no implicaban que quisieran un modelo capitalista despiadado como el de la RFA, y eso lo dejan claro. Eso y decenas y decenas de imágenes de archivo, que contrastante con el discurso hegemónico de fantasía y fiesta que según la versión oficial cundió en Alemania por la reunificación. Las movilizaciones anti-RFA en el Berlín ex-socialista reprimidas fuertemente por la policía occidental, la enorme pobreza, las manifestaciones, la población de a pie rechazando a la RFA ante las cámaras e incluso alegrándose de los balazos contra Rohwedder… De «Revolución Pacífica», como la historiografía oficial llama al proceso, no tuvo nada. Un proceso que a día de hoy sigue generando problemas abismales en la Alemania actual y a Europa en general. No por casualidad la extrema derecha está ganando terreno en los estados ex-RDA, con un caldo de cultivo de mayor niveles de pobreza, crisis de identidad colectiva y desconfianza hacia la política estatal donde el discurso que culpa de todo a inmigrantes y a políticas feministas/LGTBIAQ+ asociadas a la izquierda encuentra orejas que lo escuchen con atención.
Contextualizando este escenario, el documental intenta descifar la muerte del político empresario. Busca dar con una autoría certera, pero más bien lo que hace es sembrar más incógnitas en lo que hasta la fecha sigue siendo un caso sin resolver, pero que se usa como recurso para lograr que el documental sea más entretenido.
Las condiciones a las que obliga la legislación sobre migración a vivir a quienes deben marcharse de sus países de origen es el tema principal de este documental. De un lado vemos a una familia blanca belga que vive de la economía informal, y más en concreto gestionando un edificio en el que viven personas sin papeles. Del otro lado tenemos como protagonista a una familia de Burkina Faso que ha tenido que migrar a Bélgica para vivir dignamente, y que es sometida a la violencia institucional de no tener papeles, y a los chantajes de sus arrendatarios bajo una garantía nula de derechos, sólo basado en si paga cada mensualidad o no.
Es interesante deternos un momento en el origen de esta familia protagonista. El país acababa de vivir una época de bonanza bajo el gobierno panafricanista de Thomas Sankara, que puso los puntos sobre las íes al neocolonialismo francés. Pero un golpe de estado impulsado por Francia lo depuso y asesinó, volviendo el país al sometimiento francés y las condiciones materiales volvieron a caer en picado. En ese preciso contexto en el que se hace la película se produce una nueva ola migratoria a Francia, y también a Bélgica por tratarse de territorio francófono, aunque esto no se cuenta en el largometraje.
El film nos muestra las condiciones laborales y sociales de la migración irregular desde varias perspectivas, bastante originales respecto a lo que suele ser el cine sobre este tema. Tiene puntos de salvador blanco, pero en general la narrativa es muy interesante.